Enfrentamientos entre crimen organizado y autodefensas desplazan a cerca de 2 mil personas en Altos de Chiapas

Orsetta Bellani, Animal Político (Foto: O.B.)

Manuel Pérez Pérez agarró su cobija y su pozol. “Vámonos”, le dijo a su familia el jueves en la mañana, tras una noche insomne. Su esposa no se levantó de la silla, pues no tenía miedo: el oído le falla y no pudo escuchar el sobrevuelo de los helicópteros y las balas resonar cerca de su casa en Queshtic, Municipio de Chenalhó. No hay sonido que podría despertar en ella el recuerdo de lo que pasó en 1997, cuando fue obligada a dejar su casa y a refugiarse en Acteal, donde en días siguientes un grupo paramilitar priista masacró a 45 personas e hirió de bala a su hijo Pedro, de 7 años.

Veinticuatro años después, a causa de los enfrentamientos que se están dando en el colindante municipio de Pantelhó, Manuel Pérez Pérez y su familia tuvieron que abandonar otra vez su casa y sus animales para refugiarse nuevamente en Acteal, donde la Sociedad Civil Las Abejas dio cobijo a unas 200 de las 2 mil personas que se desplazaron la semana pasada. Unas 400 más se encuentran en un campamento en Yabteclum, Chenalhó, otras se refugiaron en casa de familiares en San Cristóbal de Las Casas, Tenejapa y San Andrés Larrainzar. 

“No sé para quién están dirigidas las balas, solo sé que tengo miedo”, dice Manuel Pérez Pérez. “Así empezó en 1997, igual lo estoy viviendo ahorita”.

Manuel Pérez Pérez con su hija y sus nietos en Acteal. Foto: Orsetta Bellani

Históricamente en los Altos de Chiapas hay presencia de grupos armados. Empezaron a proliferar a partir de 1994, para intentar ahogar el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y siguen existiendo en la actualidad. Hoy son grupos distintos con distintas características, pero como entonces operan en total impunidad y, de acuerdo con los pobladores, trabajan con el apoyo de las presidencias municipales. 

La existencia de grupos armados en esta región se hizo más visible a partir de octubre de 2017, cuando se dieron desplazamientos forzados masivos en municipios colindante con Chenalhó: en Chalchihuitán se tuvieron que desplazar 5,023 personas y, pocos meses después, en Aldama empezaron los desplazamientos intermitentes de unas 2 mil personas. “En aquel momento pensamos que se estaba dando un proceso de ‘reparamilitarización’ de la zona”, dice Ana Cristina Vázquez Carpizo de Cáritas de San Cristóbal de Las Casas. “Luego nos dimos cuenta de que se trata de algo nuevo, o sea de la configuración de grupos de sicarios del crimen organizado, que vienen incluso de otros estados. Las consecuencias para las comunidades son similares, pero es otro nivel de violencia”.     

El ejército en Pantelhó, el día después de los enfrentamientos. Foto: Orsetta Bellani

La violencia en Pantelhó se recrudeció hace aproximadamente un mes, cuando empezaron a registrarse enfrentamientos en las comunidades colindantes con Chenalhó. En Tzajalchén, 700 personas se están resguardando desde entonces en sus casas: viven aisladas y reciben alimentos solo gracias al apoyo de Cáritas.  

La situación estalló a las 4 de la madrugada del miércoles 7 de julio. Un grupo denominado Autodefensas del Pueblo El Machete irrumpió en la cabecera municipal de Pantelhó, dos días después del asesinato por parte de un sicario de Simón Pedro Pérez López, expresidente de la mesa directiva de la Sociedad Civil Las Abejas de Acteal, quien denunciaba la presencia del crimen organizado en Pantelhó y su relación con políticos locales.

“Entramos no para atacar al pueblo, sino para expulsar a los sicarios, a los narcotraficantes y al crimen organizado”, pues “no queremos más muertes para los pobres campesinos tzeltales y tzotziles”, afirman las autodefensas El Machete en un video que difundieron el sábado, donde aparecen cinco hombres armados. Denuncian que la presidencia municipal perredista de Pantelhó abrió las puertas al crimen organizado y que el Ministerio Público hace oídos sordos a sus denuncias.

 “Como autodefensas del pueblo nos retiramos, porque no buscamos el poder ni el dinero”, aseguran, y afirman dejar a Pantelhó “en manos de los agentes y comisariados de cada comunidad para que elijan a sus autoridades desde nuestros usos y costumbres, no por partidos políticos que han dividido y confrontado al pueblo y traído muchos muertos”.

Calle de Pantelhó después de los enfrentamientos. Foto: Orsetta Bellani

Policía Estatal, Guardia Nacional y Ejército entraron a Pantelhó el mismo miércoles. Nosotros llegamos dos días después y nos encontramos en un pueblo fantasma. En la carretera de unos 7 kilómetros que une Acteal con Pantelhó, las casas están abandonadas: las puertas quedaron entreabiertas, los perros ladran y los pollos se buscan la vida en los patios. El silencio es casi total y los negocios están cerrados.

A la altura de La Esperanza, unos tres kilómetros antes de la cabecera municipal, centenares de casquillos de bala regados en el suelo y dos patrullas de la Policía Estatal quemadas recuerdan la emboscada que las fuerzas de seguridad sufrieron el jueves, cuando seis policías y tres soldados resultaron heridos. Más tarde, dos vehículos de la Guardia Nacional que se dirigían a Pantelhó para apoyar a sus colegas fueron retenidos a la altura de Majomut, Municipio de Chenalhó, donde un grupo armado llamado “Autodefensas de Chenalhó” les robaron armamento: fusiles, cartuchos, chalecos antibalas y hasta una ametralladora.

Una calle en la entrada de Pantelhó tiene huellas de la batalla del día anterior: laminas, llantas, vidrios, piedras y hoyos en las paredes de las casas vacías. Encontramos gente sólo en el parque central de Pantelhó, donde un par de tiendas venden refrescos a decenas de agentes y soldados que lo ocupan. Algunos pobladores se juntan en las bancas y esquinas, pero el temor los tiene callados. “Pedimos el resguardo permanente del Ejército y Guardia Nacional, para la seguridad de nuestro pueblo”, dice un comunicado que nos entrega un grupo de pobladores. Un coronel de Infantería se nos acerca y asegura: “Tenemos el control del pueblo. Hasta el momento”.

Artículo publicado en Animal Político el 13.07.2021: https://www.animalpolitico.com/2021/07/enfrentamientos-autodefensas-desplazan-personas-chiapas/

El desembarco zapatista en Europa, una “inyección” para las organizaciones en lucha

Orsetta Bellani, Pikara Magazine (Foto: O.B.)

Marijose será la primera zapatista en tocar suelo europeo. La indígena tojolabal viene de la Selva Lacandona y es una mujer trans. Ha sido miliciana del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y ha trabajado en los sectores de salud y educación de su organización que, tras su levantamiento armado de 1994, construyó en Chiapas, en el sur de México, un sistema de gobierno y de vida totalmente autónomo del Estado.

Marijose zarpó a principios de mayo del puerto de Isla Mujeres, en México, junto con otras cuatro mujeres y dos hombres indígenas zapatistas, en un barco alemán que fue rebautizado como La Montaña. El 11 de junio atracó en las Islas Azores, Portugal, y en los próximos días llegará al puerto de Vigo.

“Más que navegar, La Montaña parece bailar al mar. Como en un largo y apasionado beso, se despegó del puerto y se dirigió a un destino incierto, pleno de retos, desafíos, amenazas y no pocos contratiempos”*.

Es un viaje que representa una “conquista invertida”, aunque consensuada. El navío está cruzando el mismo Atlántico que, siglos atrás, acompañaba a los barcos en su regreso a España, cargados de las riquezas de América. Es “una montaña navegando a contrapelo de la historia”, que transporta personas que no han sido aplastadas por la invasión de hace 500 años.

“¿Y ustedes cómo le hacen para comer si no tienen dónde hacer milpa [sistema de cultivo de maíz, frijol y calabaza muy común en Mesoamérica]?”  “¿Y cómo lo sabe el viento que vamos para allá?”  “¿Y dónde duerme el mar si tiene sueño?”.

La Montaña se mueve con la misma lentitud que marca la revolución zapatista. “Lento, pero avanzo”, se lee en un celebre mural en territorio rebelde, que retrata un caracol con un pasamontañas. Pero no será solo simbólica la Gira por la Vida, el largo viaje por diversos países europeos de una delegación de más de un centenar de zapatistas –el resto llegará en avión, aunque por racismo el Gobierno mexicano está negando la expedición de muchos pasaportes-, integrada en tres cuartas partes por mujeres. La delegación contempla también la presencia de diez integrantes del Congreso Nacional Indígena (CNI) y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos, Puebla y Tlaxcala.

Zapatistas en el barco que viaja hacia Europa. Foto: https://enlacezapatista.ezln.org.mx

Todavía no hay un programa completo de esta gira europea, pero hasta ahora está confirmado un Encuentro de Feminismos y Disidencias en la ZAD de Notre Dame des Landes, en Francia, para el 10 y 11 de julio, y el 13 de agosto en Madrid habrá un Encuentro Europeo de Luchas, con ocasión del 500 aniversario de la entrada del conquistador Hernán Cortés a la ciudad de Tenochtitlan, capital del imperio azteca.

La Gira por la Vida abarcará más de 30 países, donde la delegación de pueblos indígenas mexicanos conocerá colectivos y organizaciones de la Europa de abajo y a la izquierda: luchas en defensa de la tierra y el territorio, de las semillas, asambleas feministas, colectivos LGBT+, de migrantes, antifascistas, internacionalistas, organizaciones barriales y más.

L@s delegad@s zapatistas se encontrarán con quienes nos han invitado para platicar sobre nuestras historias mutuas, dolores, rabias, logros y fracasos.

Se escucharán mutuamente, aprenderán unas de las otras, construirán redes globales de resistencia y rebelión. Ya en 2005 el EZLN escribía: «Pues en el mundo lo que queremos es decirle a todos los que resisten y luchan con sus modos y en sus países, que no están solos, que nosotros los zapatistas, aunque somos muy pequeños, los apoyamos y vamos a ver el modo de ayudarlos en sus luchas y de hablar con ustedes para aprender, porque de por sí lo que hemos aprendido es a aprender (…) En el mundo vamos a hermanarnos más con las luchas de resistencia contra el neoliberalismo y por la humanidad».

El EZLN lleva más de 25 años creando espacios de encuentro en Chiapas con personas de todo el mundo. Esta vez tocará a ellas viajar para conocer los hogares de quienes tantas veces visitaron sus aldeas. “Me hace muchísima ilusión la llegada de las compañeras zapatistas, ellas siempre nos han recibido en sus comunidades con tanto cariño, me emociona poderles devolver un poquito de todo esto”, dice Lola Sepúlveda, de los colectivos madrileños Centro de Documentación sobre Zapatismo (CEDOZ) y Retiemble. “Para las personas que no saben mucho sobre el zapatismo será la oportunidad para conocer realmente lo que son, lo que dicen y piensan las zapatistas desde su propia voz y experiencia, no para imitarlas sino para ver cómo ellas han sido capaces de conseguir lo que han conseguido. El EZLN siempre ha dicho que hay que organizarse y que todas las luchas son importantes, porque todas hacen grietas en el muro del capital”, añade.

Todo empezó en octubre de 2020, cuando el EZLN anunció su viaje a Europa y planteó a las organizaciones europeas participar en su organización. Muchas se preguntaron: ¿están locas? ¿Cómo van a entrar en Europa más de 100 personas con pasaporte mexicano, si las autoridades están dejando ingresar sólo a ciudadanía comunitaria? ¿Cómo se van a poder hacer eventos si todavía estamos con la pandemia?

¡Despertad!

“Esta propuesta de las compañeras zapatistas ha sido una inyección para los colectivos y organizaciones de Europa, en un momento en que estábamos con el shock pandémico”, dice Lola Cubells, de la Assemblea de Solidaritat amb Mèxic del País Valencià. “Se puso en marcha la red Europa Zapatista, que es solidaria con EZLN y otras organizaciones en lucha de México. Luego nos tejimos con muchas más luchas, muy diversas y que no necesariamente conocen mucho al zapatismo, pero lo consideran como un referente desde hace 27 años”, continúa.

El EZLN lanzó una bomba que trastocó la depresión colectiva de aquellos meses. ¿Y si uno de los objetivos no declarados de la iniciativa zapatista fuera justo impulsar otra vez la organización colectiva? ¿Sacudir a las militantes para que salieran de la parálisis pandémica? Invitarlas a organizar una Gira por la Vida justo cuando estaban rodeadas de tanta muerte.

Las zapatistas, en travesía. Foto: https://enlacezapatista.ezln.org.mx

Y así navega La Montaña, le sigue el viento prometiendo madrugadas.

Cuando el barco La Montaña llegue al Puerto de Vigo, no será ni un hombre ni una mujer la primera persona en desembarcar, sino “unoa otroa [así el EZLN define a las personas trans]”, en lo que el EZLN califica como “cachetada con media negra para toda la izquierda heteropatriarcal”. Marijose tiene instrucciones claras sobre lo que tendrá que decir al pisar el suelo gallego, una vez recuperada del mareo: “A nombre de las mujeres, niños, hombres, ancianos y, claro, otroas zapatistas, declaro que el nombre de esta tierra, a la que sus naturales llaman ahora ‘Europa’, de aquí en adelante se llamará: SLUMIL K´AJXEMK´OP, que quiere decir ‘Tierra Insumisa’, o ‘Tierra que no se resigna, que no desmaya’.  Y así será conocida por propios y extraños mientras haya aquí alguien que no se rinda, que no se venda y que no claudique’”.

En Galicia, los colectivos están trabajando para organizar un acto de bienvenida a la delegación zapatista, al que acudirán personas de todo Europa. ¿Y si no pudieran atracar en el puerto de Vigo?

“Sabemos que existe la posibilidad de que tengan problemas para entrar, pero no nos planteamos la posibilidad de que no entren”, dice Lola Sepúlveda.

El EZLN tiene listo hasta un plan C. “Si no se puede desembarcar, sea por el COVID, migración, franca discriminación, chovinismo, o que se equivocaron de puerto o la hostia, vamos preparados. Estamos dispuestos a esperar ahí y desplegaremos, frente a las costas europeas, una gran manta que diga “¡Despertad!”. Esperaremos a ver si alguien lee el mensaje y luego otro tanto a ver si, en efecto, despierta; y otro tanto más a ver si hace algo. Si la Europa de abajo no quiere o no puede, entonces, previsores, llevamos 4 cayucos con sus remos respectivos y emprenderemos el regreso”.

Artículo publicado en Pikara Magazine el 16.06.2012: https://www.pikaramagazine.com/2021/06/el-desembarco-zapatista-en-europa-una-inyeccion-para-las-organizaciones-en-lucha/

Familias desplazadas regresan a Los Chorros, pero la “guerra de desgaste” sigue en los Altos de Chiapas

Orsetta Bellani, Pie de Página (Foto: O.B.)

Juana Ramírez Pérez se tapó la cabeza con un chal violeta y se encaminó, junto con unas treinta personas desplazadas de la organización Sociedad Civil Las Abejas. Este 20 de mayo regresaban a sus casas en el barrio Río Jordán del ejido Los Chorros, Municipio de Chenalhó, de donde fueron desplazadas casi dos años atrás por integrantes del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Juana y su esposo, Pedro Jiménez Méndez, junto con otras 5 familias de Las Abejas, se refugiaron en la comunidad de Acteal el 10 de agosto de 2019. Durante los primeros meses que transcurrieron en esta comunidad fría de los Altos de Chiapas fueron otras familias de Las Abejas quienes les entregaron su maíz y su frijol. Luego tuvieron apoyo de la parroquia de Chenalhó y del Fideicomiso para la Salud de los Niños Indígenas de México (FISANIM).

En Acteal, la pareja de poco más de 20 años perdió dos bebés. La diarrea y los vómitos empezaron para su hija María Angélica a pocos meses del desplazamiento. “Ella siente lo que ustedes sufren, su angustia hace que su hija se enferme”, dijo un curandero al matrimonio. La niña murió antes de cumplir el año. En aquel momento Juana ya estaba embarazada de María del Carmen, que falleció a los seis meses por las condiciones del desplazamiento.

“Vivir hacinados en un cuartito de madera con piso de tierra y compartir una cocina entre seis familias, la leña húmeda, el humo tupido que se penetra directamente en los pulmones hizo que ella se enfermara”, escriben en su blog Las Abejas de Acteal.

El pasado 20 de mayo, las seis familias desplazadas de Los Chorros llenaron cajas y costales con sus pocas pertenencias y las subieron a unas redilas. Viajaron en caravana hacia Los Chorros, acompañadas por otros integrantes de Las Abejas, medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos. Una vez llegadas a la entrada del ejido, siguieron el trayecto hacia su comunidad caminando y cantando, dándose ánimo.

Acoso paramilitar desde 1997

La violencia en Los Chorros no es cosa nueva. El ejido ha sido uno de los laboratorios donde la Sedena implementó su manual Plan de Campaña Chiapas 94, que contemplaba el adiestramiento de civiles armados para la guerra contrainsurgente.

“Los Chorros es la cuna del paramilitarismo de los años ’90. Aquí se ha formado un grupo armado priista cuyos vínculos con el Estado se han comprobado y que participó en la masacre de Acteal”, afirma Jorge Luis Hernández del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (CDH Frayba). “El grupo que opera hoy en día no está formado por las mismas personas que operaban en los años ‘90. Tampoco tiene las mismas armas o la misma estrategia, pero se trata del mismo ambiente, de la misma escuela que usa el miedo y el terror para controlar a la población”.

Juana Ramírez Pérez con su esposo Pedro Jiménez Méndez y su hija, tras su regreso en el ejido Los Chorros. Foto: Orsetta Bellani

Hay varios grupos armados que operan en Chenalhó, atacando a la población del mismo municipio y de los territorios colindantes. De acuerdo con varias fuentes que consultamos, son financiados por la presidencia municipal. “El gobierno federal da mucho más dinero a los municipios indígenas de los Altos de Chiapas que a otros más grandes, como el de San Cristóbal de Las Casas. Con este dinero se arman estos grupos, que son manejados por las “dinastías” que se han formado en las presidencias municipales”, afirma el antropólogo experto en paramilitarismo Arturo Lomelí, de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH).

Sin duda Abraham Cruz Gómez, que ha sido presidente municipal de Chenalhó hasta que tuvo que dejar su cargo para dedicarse a la campaña electoral de 2021, pertenece a esta dinastía. Cruz Gómez es originario de Puebla, otro ejido donde se han formado los paramilitares que participaron en la masacre de Acteal. Es hijo de Agustín Cruz, pastor presbiteriano que bendijo las armas utilizadas en la matanza, y es yerno de Jacinto Arias Cruz, quien en 1997 era presidente municipal de Chenalhó y ha sido señalado por la entonces PGR como el principal responsable de la masacre de Acteal.

En 2013, la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) excarceló a Jacinto Arias Cruz por faltas al debido proceso – o sea por errores cometidos por parte del mismo Estado – junto con la mayoría de las personas sentenciadas por su participación en la masacre de Acteal. Poco después de que el ex presidente municipal de Chenalhó regresara al ejido Puebla, empezaron los ataques en contra de las bases de apoyo zapatista y de Las Abejas, hasta que 17 familias tuvieron que desplazarse.

Las elecciones de 2015 mostraron una vez más la cantidad de armas que existen en Chenalhó. Grupos priistas se enfrentaron con partidarios de Rosa Pérez Pérez del PVEM, cuyos hombres armados desplazaron unas 250 personas del ejido Puebla. En 2018, la presidencia municipal de Chenalhó pasó al tesorero de Rosa Pérez Pérez, el ya citado Abraham Cruz Gómez, cuyo rostro enmarcado por un sombrero tradicional tsotsil está en los afiches del PVEM para la campaña electoral de 2021.

De rambos, militares, ninjas, policías y ex milicianos

El 20 de mayo de 2021, mientras las familias desplazadas de Los Chorros regresaban a sus hogares, a menos de 20 kilómetros de distancia un campesino era herido en la mano por otro grupo armado de Chenalhó. Ocurrió en la comunidad de Ch’ivit, Aldama, municipio que mantiene una disputa sobre 60 hectáreas de tierra con Chenalhó. La víctima se llama Marcelino Santiz y se encontraba en su parcela cuando lo alcanzó una bala disparada desde Santa Martha, comunidad de Chenalhó donde opera un grupo armado que los presidentes municipales se han ido heredando. 

Juana Ramírez Pérez (derecha) regresa a Los Chorros, su comunidad, de donde ha sido desplazada el 10 de agosto de 2019. Foto: Orsetta Bellani

Se sabe muy poco de esta agrupación de corte paramilitar. De acuerdo con el CDH Frayba, está formada por cinco grupos que actúan de forma conjunta en contra de las comunidades. Los pobladores los ubican como rambos, militares, ninjas, policías y ex milicianos, según la forma en que visten.

A partir de febrero de 2018, cotidianamente y constantemente, este grupo dispara en contra de los pobladores de Aldama mientras se encuentran en sus casas, en sus parcelas o viajan en carro. En estos tres años asesinaron a 7 personas y 24 resultaron heridas. A causa de las balaceras, más de 2 mil pobladores de Aldama están obligados a desplazarse de forma intermitente: abandonan sus hogares y regresan cuando la intensidad de los disparos baja.

Unos meses antes de que el conflicto en Aldama recrudeciera, este grupo armado incursionó también en Chalchihuitán, que mantiene otra disputa de tierra con Chenalhó. Entre octubre y noviembre de 2017, desplazó a 5023 personas de este municipio tsotsil, que como Aldama es de los más míseros del país: de acuerdo con Coneval, más del 99% de su población vive en situación de pobreza.

Tras el desplazamiento forzado masivo, durante un mes el grupo armado de Chenalhó cerró las carreteras para que no entrara la ayuda humanitaria para los desplazados de Chalchihuitán. Once personas, entre ellos dos bebés, murieron de hambre y frío en el monte. Por falta de condiciones de seguridad, 1237 personas siguen desplazadas.

Las Abejas negociaron durante meses con las autoridades locales las condiciones de seguridad para el regreso de las seis familias desplazadas de Los Chorros. “Creo que se respetarán los acuerdos y podremos convivir con los partidistas de la comunidad, aunque tengo un poco de preocupación”, afirma Pedro Jiménez Méndez, esposo de Juana.

El joven estaba en una reunión para ultimar los detalles del acuerdo para el regreso, cuando su esposa Juana Ramírez Pérez caminaba con las demás familias desplazadas rumbo a su comunidad. Los pobladores de Los Chorros observaban la peregrinación de de Las Abejas, mientras unos músicos los acompañaban con guitarras y trompetas, cantando de la masacre de Acteal y de otras: Aguas Blancas, Ayotzinapa, Tlatlaya. 

Mujeres de la Sociedad Civil Las Abejas de Acteal caminan rumbo a Los Chorros para acompañar a las familias desplazadas en su regreso. Foto: Orsetta Bellani

Fue justo el revuelo internacional que despertó la masacre de Acteal – donde la responsabilidad del Estado fue comprobada – que obligó a un replanteamiento en la estrategia contrainsurgente. Se dio prioridad a los programas asistencialistas y se sustituyeron las acciones llamativas con operaciones menos visibles pero continuas, que desgastan y quiebran psicológicamente a la población: unos balazos en Chalchihuitán, un herido en Aldama, unas niñas de Los Chorros muertas durante su desplazamiento. Cada día, día tras día. Acciones que no llaman mucho la atención y se vuelven nota para pocos medios. Por esto la fase actual del conflicto chiapaneco es llamada “guerra integral de desgaste”.

Juana, Pedro y su hijita se quedarán en la casa de los padres de él durante sus primeras semanas en Los Chorros, pues la suya está sin techo ni paredes. Las láminas han sido destruidas y las tablas de madera despegadas por los miembros del PVEM que los atacaron. La pareja regresa a su comunidad con esperanzas, pero sabiendo que como vecinos tendrán a las mismas personas que los desplazaron.

Integrantes de la Sociedad Civil Las Abejas antes de acompañar a las familias desplazadas de Los Chorros en su regreso a la comunidad. Foto: Orsetta Bellani

Artículo publicado en Pie de Página el 30.05.2021: https://piedepagina.mx/familias-desplazadas-regresan-a-los-chorros-pero-la-guerra-de-desgaste-sigue-en-los-altos-de-chiapas/

Los musulmanes de Chiapas están haciendo el Ramadán

Orsetta Bellani, Pie de Página (Foto: O.B.)

Un lienzo blanco divide un cuarto cubierto con tapetes. De un lado, el imam Ibrahim Chechev recita el Corán en árabe rodeado por hombres, sentados en el piso con las piernas cruzadas. Del otro, un grupo de mujeres acompaña la oración. Algunas cubrieron sus cabezas con chales con motivos árabes, otras con rebozos tsotsiles.

Estamos en el centro religioso de la corriente musulmana Ahmadiyya de San Cristóbal de Las Casas, una de las cuatro mezquitas de esta ciudad. Es el 13 de abril y el ruido de un aguacero fuera de temporada atenúa la oración que marca el comienzo del Ramadán, la ayuna que las personas musulmanas respetan de sol a sol durante un mes. Se trata de una oración que se repetirá cada día al atardecer, hasta el 13 de mayo, cuando nacerá la luna nueva y se celebrará el Aid al Fitr, la fiesta de fin del Ramadán. 

La oración se interrumpe y entran unos platos de frutas: papaya, plátano, naranja. El sol se ha escondido y se puede romper la ayuna. Las mujeres comen de un lado de la cortina y los hombres del otro, sentados en círculo en los tapetes que cubren el piso. Cuando platican, el árabe de la oración es sustituido por el tsotsil. 

¡Allah akbar! – ¡Allah es grande!”, canta un joven que lleva un gorrito pakistaní llamado kufi. Laspostraciones comienzan otra vez, en la mezquita que ahora perfuma a naranja.

“El Ramadán es un mes completamente espiritual que conlleva muchas reflexiones”, dice Ibrahim Chechev, indígena tsotsil que como imam es encargado de la dirección espiritual de la comunidad Ahmadiyya. “Al padecer hambre y sed te metes un poquito en la vida de las personas más pobres y te vuelves más humilde, más humano, todo lo agradeces”.

La familia de Ibrahim Chechev fue una de las primeras de San Cristóbal de Las Casas a convertirse al islam, en los años 90. En ese entonces el joven se llamaba Anastasio Gómez Gómez y era un adolescente preocupado por la violencia en su familia. 

Joven de la comunidad Ahmadiyya durante una oración. Foto: Orsetta Bellani

“Lo que más me llamó la atención del islam es el espacio que da a libertad personal y a la protección de las mujeres. De hecho, tras la conversión mi papá dejó de maltratar a mi madre”, asegura Ibrahim Chechev, que tras siete años pasados en Granada cecea como español. “Dios dice claramente que ante los ojos de él todos somos iguales y que las mujeres no son inferiores. La forma en que tratan a las mujeres en países como Arabia Saudita no tiene nada que ver con el mensaje del islam, es una interpretación equivocada del sagrado Corán”.

En cuatro ocasiones Ibrahim Chechev viajó a La Meca, en Arabia Saudita, lugar de peregrinación casi obligada para los musulmanes. “Uno no puede descifrar la alegría, la intensidad que se vive ahí, es un regalo único realmente. Cuando encuentras a una multitud de gente y todos son tus hermanos, y hablas una sola palabra con personas de otros países y de clases sociales distintas. Allí ves que el islam es una única religión universal”.

Casi 8 mil musulmanes en México

El islam abraza unos mil 800 millones de personas en todo el mundo y se estima que al final del siglo los musulmanes superarán en número a los cristianos. Al contrario de lo que se suele pensar, sólo el 20% son árabes. De acuerdo con el censo INEGI de 2020, en México 7982 personas se reconocen como musulmanas y se estima que la comunidad de San Cristóbal de Las Casas está integrada por unas 700 personas, en gran mayoría indígenas. En el transcurso del tiempo, se han dividido en cuatro grupos distintos.

Las demás corrientes del islam existentes en el mundo consideran como herejes a los Ahmadiyya. “Su fundador se asumía como profeta, cuando uno de lo cinco pilares del islam afirma que Mohammed fue el último”, dice Abderrahman, emir de la mezquita Iman Malik de San Cristóbal de Las Casas, que es parte de la corriente musulmana sufi. Añade que otra diferencia con las demás corrientes del islam es que los Ahmadiyya no creen en la segunda venida de Jesús: afirman que el profeta no se murió en la cruz sino siguió con su misión de mensajero de Dios hasta los 107 años, cuando falleció en Cachemira.

Ibrahim Chechev durante la oración del viernes. Foto: Orsetta Bellani

De acuerdo con el emir Abderrahman, que es español, el islam más que una fe es una practica que desarrolla la disciplina. La vida cotidiana de las personas musulmanas se adapta a la obligación de rezar cinco veces al día y a respetar la ayuna durante el mes de Ramadán, volviendo su existencia más recta y centrada. “El Ramadán es una experiencia extraordinaria”, asegura. “Es una ayuna que purifica el organismo y que no resulta muy pesada para quien la hace, gracias a su componente espiritual”.

El emir está sentado en el tapete rojo que cubre el piso de la mezquita Iman Malik, un edificio grande con un minarete y con arcos y azulejos en estilo árabe. Se encuentra justo frente a la sede de los Ahmadiyya, en el periférico norte de San Cristóbal de Las Casas, en una colonia donde conviven iglesias católicas, evangélicas, presbiterianas y adventistas. De acuerdo con el INEGI, Chiapas es el Estado con más diversidad religiosa de México y sólo el 54% de su población se considera católica. 

Un musulmán atraído por el zapatismo

Como el catolicismo, el islam llegó a Chiapas de España. Se llamaba Aureliano Pérez Yruela, también llamado Nafia, el primer español musulmán que desembarcó en 1995, un año después del levantamiento zapatista. Integraba al Movimiento Mundial Murabitun (MMM), movimiento islámico que rechaza el capitalismo, los bancos y el papel moneda, y anhela la reconstrucción de las comunidades autónomas del Estado que Mohammed fundó en la ciudad saudí de Medina. 

Nafia llegó a Chiapas con la esperanza de encontrar al subcomandante Marcos para proponerle la puesta en marcha de “un plan económico y político de reconstrucción social”.  “La lucha por la liberación de los pueblos debe hacerse bajo la bandera del islam transformador, siguiendo el mensaje revelado que nos trajo Mohammed, el último de los profetas, el libertador de la humanidad”, escribió Nafia en la carta de 14 cuartillas que entregó al comandante Tacho y al entonces mayor Moisés.

El subcomandante Marcos nunca quiso encontrar a Nafia, que sin embargo decidió quedarse en Chiapas para establecer, no sin dificultades, una comunidad islámica. Nafia leyó como una ventaja los cambios que, a mediados de los años ’90, la chispa zapatista estaba detonando en San Cristóbal de Las Casas, ciudad donde confluía mucha gente del campo, de otras partes de México y del extranjero. El cosmopolitismo y la riqueza étnica y cultural de San Cristóbal de Las Casas se refleja en la actual composición de la comunidad musulmana, integrada en su mayoría por personas de diferentes pueblos indígenas, además de mestizos sancristobalenses y blancos de origen español.

En un principio, Nafia se acercó a las familias tsotsiles evangélicas que en los años ’70 habían sido expulsadas de San Juan Chamula. Éstas encontraron en la comunidad musulmana el espacio donde reconstruir sus lazos comunitarios, y un sentido de pertenencia que había sido trastocado por su desplazamiento forzado. Los nuevos conversos invitaban a sus familiares, aprovechando del “nomadismo religioso” presente en esta religión, donde es común que una persona cambie de fe varias veces en su vida. La comunidad musulmana se fue alargando poco a poco.

El sincretismo religioso

Aisha Gomez Perez. Foto: Orsetta Bellani

Cada día Aisha Gómez Pérez acude a la mezquita Ahmadiyya para conectarse al Internet y seguir las clases de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), que son en línea desde el comienzo de la pandemia. La joven es tsotsil y su familia se convirtió al islam antes de que naciera: desde bebé la llaman Aisha, que en árabe significa “llena de vitalidad”. 

Su carrera escolar empezó en la madrasa (escuela coránica) que el MMM abrió en San Cristóbal de Las Casas. “Durante las oraciones las maestras sentaban a los niños blancos, hijos de los primeros españoles que llegaron a Chiapas, frente a los niños indígenas, y durante las clases los trataban mejor”, recuerda Aisha Gómez Pérez. 

Su familia le contó que Nafia era una persona autoritaria que les prohibía hablar tsotsil, vestir sus prendas tradicionales, comer tortillas y relacionarse con personas no musulmanas. Además, obligaba a las mujeres a llevar el velo todo el tiempo y promovía la poligamia masculina que, a pesar de ser permitida por el Corán, no era aceptada por las conversas.

La primera división de la comunidad islámica de San Cristóbal de Las Casas se dio a finales de los noventa, justo a causa de los intentos de los integrantes del MMM de borrar la identidad tsotsil e imponer costumbres que no eran aceptadas por la población local. 

“Recuerdo que en aquella época algunas activistas y académicas feministas se preocupaban de que la llegada del islam significara una cuádruple opresión para las conversas; por ser mujeres, pobres, indígenas y musulmanas”, dice la investigadora independiente Sandra Cañas Cuevas. “Veían a las mujeres indígenas como carentes de agencia y en realidad esta experiencia de conversión es más compleja”.

Cañas Cuevas afirma que las mujeres de la comunidad islámica se apropiaron de la nueva religión de forma selectiva, retomando algunas prescripciones y reformulando o hasta rechazando las que no consideraron adecuadas.

Un ejemplo es el uso del velo: algunas decidieron usarlo en la calle y otras lo llevan sólo durante las oraciones, como Aisha Gómez Pérez. En el primer día de Ramadán, la joven tapó su cabeza con un chal de lana, azul y morado. Cuando la oración termina, se sienta en círculo con sus compañeras en el tapete de la mezquita Ahmadiyya y, del otro lado del lienzo blanco que divide el cuarto, los hombres hacen lo mismo.

La lluvia ha dejado de ensordecer y en el cielo ya se ha asomado la luna nueva que señala el comienzo del mes sagrado. Se rompe la ayuna comiendo harira, una sopa marroquí que aquí se prepara con chile y se acompaña con tortillas. “El islam no cancela las expresiones culturales locales y es normal que no sea lo mismo en Asia, en África o en Europa”, afirma una mujer de origen español. “Es una religión que florece de formas distintas y adquiere las peculiaridades de un lugar, el sabor de una cultura”. 

Artículo publicado en Pie de Página el 8 de mayo de 2021: https://piedepagina.mx/los-musulmanes-de-chiapas-estan-haciendo-el-ramadan/

#JusticiaparaMariana exigen sus compañeros estudiantes en Chiapas

Orsetta Bellani, Pie de Página (Foto: O.B.)

Estudiantes de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH) y feministas se manifestaron este domingo en San Cristóbal de Las Casas y Tuxtla Gutiérrez tras el feminicidio de la pasante de medicina Mariana Sánchez Dávalos, cuyo cuerpo fue hallado la madrugada del viernes en la comunidad Nueva Palestina, municipio de Ocosingo. 

La joven de 24 años prestaba su servicio social en la clínica de esta comunidad de la Selva Lacandona, de donde hace dos meses pidió ser reubicada por haber sido víctima de agresión sexual. Lo único que la Secretaría de Salud de Chiapas le otorgó fue un periodo de descanso sin goce de sueldo. 

“UNACH omisa, queremos justicia”, corearon las manifestantes, que en San Cristóbal de Las Casas marcharon por las calles principales del centro histórico y tuvieron un mitin frente a la Facultad de Derecho. “El feminicidio es la cumbre de la violencia machista hacia las mujeres, producto de una cultura patriarcal que promueve el odio y permite el abuso y el acoso”, afirman en un comunicado que leyeron durante el acto.

Manifestantes en San Cristóbal de Las Casas. Foto: Orsetta Bellani

Las compañeras y compañeros de la Facultad de Medicina de Mariana Sánchez Dávalos, que declararon un paro indefinido de las actividades, aseguran que “le harán justicia” y abrieron una petición en change.org para pedir la destitución de Ana María Flores García, directora de la Facultad de Medicina de la UNACH, a quien acusan de haber dado la espalda a Mariana. 

“Gracias a Dios, Mariana no sufrió algo que es vil ante los humanos: hacer algo que tú no quieras”, afirmó Ana María Flores García tras enterarse del feminicidio de su alumna. “Siento cuando un hombre o mujer son asesinados, pero en el caso de Mariana, tenemos que ser respetuosos con la carpeta de investigación que se abrió”. 

En noviembre, Mariana Sánchez había denunciado la agresión ante la Universidad de Chiapas y también ante la Fiscalía de Chiapas, que las manifestantes consideran responsable del crimen por omisión. “Con la impunidad, esta violencia se vuelve institucional”, afirman en su comunicado.

El Comité de Estudiantes de Medicina de Chiapas informó este domingo que iniciaron un paro infefinido de actividades «con el fin de exigir justicia en la resolución del feminicidio de nuestra compañera médica pasane del servicio social.

Feministas y estudiantes protestan frente a la sede de la Unach en San Cristóbal de Las Casas. Foto: Orsetta Bellani

La comunidad estudiantil exigieron que se tomen las medidas correspondientes en contra de quienes hicieron caso omiso a las denuncias de Mariana.

La Fiscalía de Chiapas inició una carpeta de investigación como feminicidio, conforme a protocolo. El sábado, la FGE señaló que la necropsia determinó que la causa de la muerte de la joven doctora es “asfixia mecánica secundaria por ahorcamiento”, y que “el cuerpo no presentaba huellas de violencia y tampoco de agresión sexual”. 

“¿El ahorcamiento no es huella de violencia?”, se preguntaron las usuarias en redes sociales, que con el hashtag #JusticiaParaMariana están pidiendo que el feminicidio no quede impune. María Guadalupe Cruz Acuña, fiscal contra Homicidio y Feminicidio de la FGE, afirmó que se inició la carpeta de investigación correspondiente por el delito de homicidio, y aseguró que “se agotarán todas las líneas de investigación hasta el total esclarecimiento”.

Este domingo, la Secretaría de Salud federal dijo en un comunicado que reforzará vículos entre instituciones para que tanto estudiantes de Medicina como servidoras públicas a cargo de programas de educación tengan las herramientas necesarias para prevenir, denunciar y atenderlas violencias de género.

En el comunicado firmado por el titular de la dependencia Jorge Alcocer, la Secretaría se dijo indignafa y asguró que hay «cero tolerancia hacia las conductas y manifestaciones de violencia de género y contra las mujeres».

Antes, la Secretaría de Gobernación aseguró que el Instituto Nacional de las Mujeres, la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres y la Fiscalía de Chiapas trabajan en conjunto para aclarar la muerte de la joven.

Artículo publicado en Pie de Página el 31 de enero de 2021: https://piedepagina.mx/justiciaparamariana-exigen-sus-estudiantes-en-chiapas/

Resistir dentro de la resistencia

Orsetta Bellani, editorial Descontrol y Pikara Magazine (Foto: O.B.)

La eterna postergación de las demandas de las mujeres en nombre de las
urgencias del movimiento.
Francesca Gargallo

El sol aún no ilumina la comunidad cuando Fabiana me despierta, como cada mañana, a las cuatro y media. Soñolienta, descuelgo las piernas de la cama sin colchón y me protejo de la penetrante humedad lacandona.

Fabiana tiene 23 años, es maya tzotzil y base de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Como casi todas las mujeres indígenas trabaja en casa todo el día, todos los días, con su hijo de dos años siempre colgado a la espalda, envuelto en un chal de colores.

En la cocina, una construcción de madera con suelo de tierra batida, nos espera una olla repleta de maíz en grano hervido. Lo echamos en un molinillo y giramos esforzadamente la manivela, hasta que sale una harina suficientemente fina para confeccionar una gran hogaza amarilla, con la que preparamos las tortillas, esas tortitas de maíz que son la base de la alimentación.

El marido, que regresa del campo hacia el mediodía, ayuda a Fabiana en algunas tareas tradicionalmente consideradas “de mujeres” –como desgranar el maíz o desplumar los pollos– y, a menudo, juega con los niños mientras ella cocina. No es una imagen corriente en las comunidades indígenas mexicanas, donde la división del trabajo es muy rígida dentro de la familia.

“Nací en el pueblo de San Juan Chamula, en los Altos de Chiapas. Cuando tenía diez años, mi familia entró en la organización. Pero en la zona de Oventic, donde vivíamos, no había tierra que repartir”, me cuenta, mientras coloca los leños sobre la repisa que hace las veces de cocina. Una gallina se pasea por la habitación, en busca de las migajas caídas al suelo. Fabiana enciende el fuego para poner agua a calentar y, al poco, la cocina se llena de humo. “Fuimos a hablar con la Junta de Buen Gobierno de la Garrucha, que nos dio un terreno en esta comunidad –relata–. Aquí conocí a mi marido, estamos contentos con nuestros dos hijos y hemos decidido no tener más”.

Foto: Orsetta Bellani

La posibilidad de planificar la maternidad es uno de los derechos establecidos por la Ley Revolucionaria de Mujeres, que las zapatistas aprobaron en marzo de 1993, antes de la insurrección armada. La ley está vigente en los territorios autónomos zapatistas y prevé el derecho de las mujeres a un salario digno, a la salud y la educación, a ocupar cargos políticos y militares, a no ser víctimas de maltrato y a elegir libremente su pareja. La comandanta Susana, que viajó de comunidad en comunidad durante el proceso de elaboración de la ley, explica los cambios que ha comportado: “Que estén libres, que lo piensen ellas, que sean libres, muy libres. Que puedan hacer lo que pidan, lo que quieran hacer. Que va a ir allá o que quiere estudiar algo y sí puede. Antes no se podía para nada, ni ir a la escuela ni nada. Yo hasta ahorita no sé leer ni escribir, porque mi papá no me dejaba ir a la escuela, pensaba que es malo, no le gustaba. Ya cambió mucho, ahorita ya toda mi familia, todas sus hijas van a la escuela, ya estudian, es muy diferente que antes”, recoge Guiomar Rovira en Mujeres de maíz: la voz de las indígenas de Chiapas y la rebelión zapatista.

Las zapatistas han propuesto además otros 33 puntos, que van desde la paridad de derechos entre los géneros –por ejemplo, la posibilidad de viajar fuera de la comunidad o de poseer tierras– hasta el derecho a que se haga efectivo el castigo a sus agresores. También han prohibido la venta y el consumo de alcohol en los territorios autónomos, puesto que se consideran causas principales de la violencia intrafamiliar.

Los malos tratos dentro de las familias no han desaparecido desde que se instauró la prohibición, pero han disminuido sensiblemente, y ahora las mujeres son más propensas a denunciar la violencia, que se castiga con cárcel.

“Nos sentimos bien porque ya tenemos ese valor, ya tenemos esa idea que podemos decir que ya basta”, explica una mujer del Caracol de la Realidad. Tal vez los jóvenes, que ahora crecen en un clima familiar no violento, tendrán menos inclinación a serlo en el futuro con su mujer y sus hijos.

Mujer, indígena y pobre

Para las indígenas de Chiapas, la Ley Revolucionaria de Mujeres representa una auténtica revolución. “Históricamente, la condición de la población indígena en Chiapas ha sido de exclusión. Las mujeres han sufrido una triple opresión, por ser mujeres, indígenas y pobres –explica Guadalupe Cárdenas Zitle, del Colectivo Feminista Mercedes Oliveira (COFEMO)–. Su participación política siempre se ha invisibilizado, pero con la Ley Revolucionaria de Mujeres la situación ha cambiado. Ahora las mujeres van a las manifestaciones, toman el micrófono para hablar y ocupan cargos políticos. Se ha producido un gran cambio de sensibilidad en Chiapas, incluso más allá del movimiento zapatista. Los hombres han empezado a valorar a las mujeres, por lo menos a nivel de discurso; ahora no es políticamente correcto excluirlas de la participación”.

Milicianas zapatistas. Foto: Orsetta Bellani

En las comunidades autónomas hay hombres que afirman defender los derechos de las mujeres, pero luego impiden que sus propias esposas contribuyan a la vida política de la organización. En cualquier caso, con sus prácticas cotidianas de resistencia y transformación, las zapatistas han logrado que el discurso hegemónico entre en crisis y han llevado a las asambleas los problemas derivados de las desigualdades de género, que hasta entonces no se concebían como tales, sino que se consideraban inevitables y parte de la vida[recoge Violeta Zylbergberg Panebianco enDissident Women. Gender and Cultural Politics in Chiapas].

Antes de la llegada de los conquistadores europeos, en las comunidades indígenas no había paridad de género. Según la feminista comunitaria guatemalteca Lorena Cabnal, existe un patriarcado ancestral originario, desarrollado sobre la base de principios y valores cosmogónicos, que luego se fusionó con el patriarcado occidental importado de España y formó lo que se ha denominado «entronque patriarcal». Esto es, el machismo actual. [El feminismo comunitario nació en comunidades indígenas de Bolivia y Guatemala, y luego se difundió a otras regiones. Se opone a la cultura dual, patriarcal y jerárquica impuesta por la colonización. En primer lugar aspira a crear las condiciones de una vida buena de las mujeres dentro de la propia comunidad, para luego abrirse hacia el exterior].

De todas formas, en general, durante el período precolombino los pueblos indígenas respetaban a la mujer como creadora de vida. Incluso llegó a haber mujeres en la cúspide del poder religioso y político, como la reina maya chol Zac-Huk, que en el año 650 a.C. fundó la dinastía de Palenque (Chiapas), cuenta Raúl Zibechi en Il paradosso zapatista.

Según Silvia Federici, la caza de brujas fue una estrategia de los colonos españoles para quebrar ese antiguo orden político-social, sembrar el terror entre la población y destruir la resistencia colectiva. La corona española recalcaba la necesidad de convertir a los indígenas para encubrir el auténtico propósito de la conquista: el saqueo de los recursos naturales americanos. Para lograrlo, construyó una máquina propagandística que denigraba a las poblaciones americanas, describiéndolas como adoradoras del diablo, sodomitas y caníbales.

Las principales víctimas de la violencia colonial eran mujeres, porque representaban el mayor obstáculo a la expansión de la nueva estructura de poder: muchas de ellas se negaban a ir a misa o a bautizar a sus hijos, y se oponían a cualquier tipo de colaboración con las autoridades coloniales y los sacerdotes.

Cuando en 1524 los españoles lanzaron una campaña para someter a los chiapanecos, una sacerdotisa dirigió las tropas rebeldes. Y, 60 años más tarde, durante un viaje a Chiapas, el obispo Pedro de Feria supo que muchos jefes indígenas seguían practicando los antiguos ritos, guiados por mujeres.

En su lucha antipatriarcal, las zapatistas tratan de superar el concepto de dualidad sexual. “Es una idea de los colonizadores y es portadora de una cultura jerárquica: se impone un sistema de género binario, o eres hombre o eres mujer, y si eres mujer debes ocuparte de determinadas cosas. El régimen colonial estableció qué es femenino y qué es masculino –explica la escritora Francesca Gargallo, que ve en el feminismo una pieza fundamental en la construcción del buen vivir–. Cuando la búsqueda de una vida buena parte de la reflexión entre mujeres, creo que se puede hablar de feminismo, aunque muchas no utilicen esta palabra. Para mí es una forma de traducir un concepto mucho más complejo y, como todas las traducciones, es reductiva”.

Foto: Orsetta Bellani

Pero el feminismo académico occidental, que a menudo considera universales y necesarias las ideas surgidas de una única región ideológica del planeta8, es criticado por las zapatistas. “Hay mujeres de las ciudades que nos desprecian porque no sabemos de la lucha de las mujeres, porque no hemos leído libros donde las feministas explican cómo debe ser», afirmaba la insurgente Erika durante el Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan.

Un encuentro internacional de mujeres que luchan

Lucía lleva puesto un traje maya tzeltal, un pasamontañas y un sombrero envuelto en un paliacate. Lleva un walkie-talkie en la cintura y de vez en cuando interrumpe la conversación, responde y se disculpa ante las presentes.

Nos cuenta de la guerra de baja intensidad contra las comunidades zapatistas y del funcionamiento de los sistemas autónomos de salud, educación y justicia. Habla también de la alianza del EZLN con los otros pueblos indígenas que forman parte del Congreso Nacional Indígena (CNI), y de su encuentro con el Movimiento de Mujeres del Kurdistán.

“Nunca en mi vida, desde que nací en la selva, nunca había conocido a personas como las que se han reunido aquí. Casi pensaba que sólo existíamos nosotras”, afirma Lucía con una sonrisa.

Una trenza asoma del pasamontañas de la miliciana que hace la ronda dentro de la sala, y desde fuera nos llega el ruido del silbato que pone orden en un partido de voleibol. Estamos en el Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, organizado por las zapatistas en marzo de 2018, en el Caracol de Morelia. Tres días de torneos deportivos, teatro, proyección de documentales, conciertos de grupos provenientes de varios países del mundo y de bandas zapatistas; talleres y debates sobre salud, educación, lesbianismo, violencia de género y violencia de Estado, en un país donde el machismo mata a siete mujeres cada día.

Participan más de 5.000 personas procedentes de los cinco continentes: mujeres indígenas, afro, blancas y mestizas. Sin lugar a dudas, es el evento más exitoso de los organizados en los últimos años en territorio zapatista.

“Entonces pensamos de hacer este encuentro y de invitar a todas las mujeres que luchan […]. Sabemos que hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha. Pero decimos que somos mujeres y además que somos mujeres que luchan. Entonces somos diferentes pero somos iguales […]. [También] nos hace iguales la violencia y la muerte que nos hacen – afirmaba la insurgenta Erika durante la inauguración del evento, mientras las tiendas de campaña de las participantes iban cubriendo poco a poco las laderas de la montaña, ocupando cada rincón del Caracol de Morelia–. [El] trabajo del sistema capitalista patriarcal es mantenernos sometidas. Si queremos ser libres tenemos que conquistar la libertad nosotras mismas como mujeres que somos”.

Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Foto: Orsetta Bellani

Los hombres no han sido invitados al encuentro y se quedan en los márgenes del Caracol, cocinando y limpiando. Por cada mujer zapatista que participa –más de 2.000– un marido se queda en la comunidad ocupándose de los hijos y de la casa. Eso no significa que las mujeres quieran excluir a los hombres de su camino de lucha, al contrario les parece importante implicarlos, como explica Yolanda del Caracol de Oventic: “Es como una construcción de humanidad lo que se quiere, es lo que estamos tratando de cambiar, otro mundo es lo que se quiere. Es la lucha de todo lo que estamos haciendo, hombres y mujeres, porque no es una lucha de mujeres ni es una lucha de hombres. Cuando se quiere hablar de una revolución es que van juntos, va para todos entre hombres y mujeres, así se hace la lucha”.

En el Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, las zapatistas han decidido crear un espacio exclusivamente femenino, pero no para apartarse permanentemente de los hombres, sino porque saben que, en su ausencia, las mujeres se sienten más seguras para intervenir en los debates, no tienen tanto miedo a ser juzgadas y bailan con más libertad.

“Pienso que es importante que existan espacios solo de mujeres, porque en los espacios mixtos los hombres dirigen y se apoderan del espacio y de la palabra – afirma la académica afrodominicana Ochy Curiel, integrante del grupo colombiano Tremenda Revoltosa Batucada Feminista–. Sin embargo, creo que los hombres deben ser antipatriarcales. Tienen privilegios, pero si ellos mismos los cuestionan pueden ser feministas, o mejor dicho, deberían serlo –añade Curiel–. El feminismo es una propuesta para el mundo, de transformación de las relaciones de desigualdad y explotación, de discriminación y racismo”.

Un poco más allá, una zapatista se acerca a una niña indígena nasa colombiana. Se quita el pasamontañas y se lo pone a la chiquilla, que parece que se hubiera caído dentro.

“Tienes que quedarte aquí, a luchar con nosotras”, le dice.

“No, yo me voy a luchar a mi casa”.

Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Foto: Orsetta Bellani

Un camino lleno de obstáculos

Teresa vive en el mismo pueblo que Fabiana. Tiene 15 años y al caer la tarde, antes de ir a ver a los chicos jugar en la plazoleta, se sienta con su prima frente a la tienda de comestibles de la cooperativa de mujeres.

Las zapatistas han creado numerosas cooperativas, convencidas como están de la importancia de independizarse económicamente de sus maridos. La más conocida es la Sociedad Cooperativa Artesanal de Mujeres por la Dignidad, que tiene su sede en el Caracol de Oventic y gestiona una tienda en San Cristóbal de Las Casas. Fundada en 1997, cuenta con el trabajo de alrededor de 150 mujeres, que producen artesanalmente tejidos con fibras naturales, trabajan colectivamente y administran su actividad económica sin necesidad de intermediarios.

Teresa explica que ha ejercido tres veces de votana [figura mitológica precolombina, una especie de guía fundadora del pueblo maya, de la que ya se habla en antiguas crónicas de los conquistadores] en la Escuelita Zapatista, la iniciativa organizada por el EZLN para dar a conocer las comunidades autónomas a gente de todo el mundo. Durante la Escuelita, cada participante tiene la oportunidad de convivir durante una semana con una familia zapatista, acompañado de un votán, que es su base de apoyo, la persona a la que puede recurrir en todo momento ante cualquier eventualidad.

Pese a su juventud, Teresa está muy implicada en la organización. Ser zapatista no es una simple afiliación política; es una identidad que impregna todos los aspectos de la vida, creada y recreada a lo largo de 30 años de lucha, y que los jóvenes asumen con la mayor naturalidad, escribe Zibechi: se es humano e, inmediatamente después, zapatista.

Teresa es hija de una pareja de braceros-siervos liberados por la insurrección zapatista y ha crecido escuchando historias sobre trabajo esclavo, hambre y falta de escolarización. A ella, nacida en una comunidad autónoma zapatista, no le han faltado ni escuela ni comida, y está orgullosa de su hermana, que estudia para ser promotora de salud, como llaman a los médicos zapatistas. Hasta hace pocos decenios, ni siquiera podía concebirse que una mujer ejerciese una función tan importante para la colectividad.

La participación activa de las mujeres en la organización ha tenido altibajos. En la época de la insurrección, el 30 por ciento de los combatientes del EZLN eran mujeres, como la mayor Ana María, que dirigió el batallón que el primero de enero de 1994 ocupó San Cristóbal de Las Casas. El desaparecido subcomandante Marcos afirma que el ejemplo dado por las guerrilleras en aquellos momentos abrió espacios que las leyes zapatistas no habían podido liberar: “Las que pelearon mejor en Ocosingo [en la batalla del 1 de enero de 1994] fueron las mujeres oficiales, ellas sacaron a la gente herida del cerco. Algunas traen todavía pedazos de esquirlas dentro del cuerpo. Sacaron a la gente, la sacaron viva. Ahí se acabó el problema de si las mujeres pueden mandar o no pueden mandar dentro de la tropa regular”.

Después de eso, las zapatistas volvieron a dedicarse sobre todo a la vida doméstica, contribuyendo de ese modo a la organización, pero encerradas en los roles tradicionalmente asignados.

Aunque todavía minoritaria, la presencia de mujeres en las Juntas de Buen Gobierno ha ido en aumento en los últimos años. Algunas comunidades incluso establecen una cuota para su participación como autoridades políticas. Hay mujeres educadoras o que trabajan en los medios de información del EZLN, y también están las funciones que la asamblea de la comunidad –el órgano que establece los cargos– asigna habitualmente a mujeres, como el de partera (comadrona), huesera (masajista) o yerbera (herborista). Se trata de cometidos que ya en la época precolonial y hasta los siglos XVI y XVII eran casi exclusivamente femeninos19.

Para estas mujeres es muy importante saber que gozan de la confianza de la comunidad y que contribuyen al crecimiento de la organización. Muy a menudo, para estudiar, tienen que trasladarse durante una temporada al Caracol, donde pueden socializar, hacer amistades y salir de la experiencia más conscientes y seguras de sí mismas.

Ciertamente, el proceso de emancipación de las mujeres zapatistas no está exento de obstáculos. Si deciden no dedicarse a tiempo completo a las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, pueden tener problemas con la familia. Ana fue escogida por la comunidad para formarse como yerbera y contaba con el apoyo de su marido, exguerrillero del EZLN; pero cuando la suegra empezó a insinuar que iba al curso de formación para conocer a otros hombres, el marido le prohibió dedicarse a la medicina. Finalmente, la joven decidió acudir a la asamblea comunitaria, que convenció al marido para que le pidiera disculpas, cuenta Melissa M. Forbis.

Prácticas profundamente enraizadas

Entre las masas de selva tropical que se extienden frente a la aldea se encuentra el Caracol de la Garrucha y, un poco más allá, la ciudad de Ocosingo. Teresa dice que le gusta visitar la ciudad, ver toda la gente por las calles, las luces y las tiendas, pero no sabe si le gustaría ir a vivir allí. Y que quizá algún día quiera tener marido e hijos, pero todavía es joven.

A propósito de un chico que pasa, Teresa comenta que hace poco lo dejó con su novia y ahora está con otra chica, no zapatista, que al parecer quiere entrar en la organización. Si no lo hace él tendrá que salir, porque así lo establece el reglamento. Teresa dice que en las comunidades en resistencia las parejas se eligen, mientras que antes de 1994 el hombre elegía a la novia y luego negociaba con la familia de la chica el pago de la dote.

En el pueblo no zapatista de San Juan Chamula, en Chiapas, las mujeres se casan siendo niñas. El 12 de marzo de 2015, una muchacha de 14 años abandonó a su marido después de tres años de maltratos. Un juez ordenó el arresto de la adolescente y la condenó a pagar una multa de 27.400 pesos (unos 1.500 euros). La chiquilla, a la que habían comprado por 15.000 pesos (alrededor de 850 euros), denunció haber pasado un día y una noche en la cárcel municipal, sin comida ni mantas, entre basura y excrementos humanos. Según UNICEF, en el mundo hay cerca de 700 millones de niñas esposas.

La ley zapatista no permite sentencias de este tipo, tan abiertamente lesivas para la dignidad humana; pero tampoco se debe pensar que ha sido capaz de cambiar, a golpe de decreto, un conjunto de prácticas profundamente arraigadas en la cultura y las conciencias. En los cuadernos sobre participación política de las mujeres que se distribuyeron a los alumnos de las Escuelitas, las zapatistas hablan de los muchos progresos realizados dentro de las comunidades en los últimos 20 años, pero también de que aún no es posible hablar de paridad entre los géneros.

Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Foto: Orsetta Bellani

En sus textos, las zapatistas cuentan que la dificultad para aceptar la participación política femenina no es solo cosa de los hombres, sino también de las mujeres, a causa de la formación recibida. Hablan de la vergüenza a exponerse, del miedo a hablar en público durante las asambleas por temor a equivocarse, de la angustia que les produce que vayan a reírse de ellas o las juzguen. Es emocionante leer estas páginas en las que, sin pelos en la lengua, se critican a sí mismas y a sus compañeras, a los maridos y a su cultura.

“En una ocasión en que varias guerrilleras se quedaron embarazadas, la Comandancia zapatista les ordenó abortar, con el apoyo de algunas organizaciones no gubernamentales. De haber querido continuar con el embarazo se habrían tenido que convertir en amas de casa, mientras que no hubo ninguna consecuencia para los hombres que las dejaron embarazadas –explica Guadalupe Cárdenas Zitle, del COFEMO, que trabajó en territorio zapatista hasta el año 2000–. De todos modos, creo que las zapatistas están aprendiendo a resistir dentro de la resistencia, son clandestinas entre los clandestinos. No están de acuerdo con muchas cosas de la organización y de su cultura y las están cambiando. Es un proceso lento, pero se están haciendo cargo de los cambios que necesitan”.

Este texto es un capitulo del libro Indios sin Rey, editado por Descontrol: http://descontrol.cat/portfolio/indios-sin-rey/

Ha sido publicado también por Pikara Magazine: https://www.pikaramagazine.com/2020/12/resistir-dentro-de-la-resistencia/

La caravana migrante que no llegó ni a México

Orsetta Bellani, El Gara (Foto: O.B.)

Las medidas contra el covid-19 fueron tomadas como pretex-to para frenar la primera caravana migrante desde el inicio de la pandemia. Sin embargo, tras el paso de las tormentas tropicales Eta e Iota, salir de Honduras es quizás aún más urgente. Ambos fenómenos meteorológicos han dejado una estela de destrucción.

No salió ninguna “caravana migrante” de San Pedro Sula, en Honduras, el 30 de octubre. Sólo unas 30 personas acudieron a la cita que se convocó en redes sociales en la terminal de autobuses y no sorprende, pues en los grupos de Facebook donde los migrantes centroamericanos se coordinan para organizar su viaje rumbo a los Estados Unidos muchos compartieron sus dudas. No conviene salir pocos días antes de las elecciones norteamericanas – escribieron algunos migrantes – y a causa de las medidas de prevención al Covid19 ahora es aún más difícil que los dejen transitar en Guatemala y México. “Mejor pasar las navidades con la familia y salir a mediados de enero”, concluyeron varios.

Las “caravanas migrantes” son una formula que se inauguró en octubre de 2018, cuando más de 7 mil centroamericanos tocaron a las puertas de México. Se convocaron en redes sociales y no migraron a escondidas, metiéndose a los cerros para hacerse invisibles, pagando a un pollero (traficante) entre 8 y 13 mil dólares según de la comodidad del viaje, con la constante amenaza de ser interceptados por la policía y las organizaciones criminales, que suelen robar, violar, secuestrar y matar a los migrantes.  

Esta vez migraron en masa y a la luz del día. Se fuerza radicó justo en aparecer descaradamente frente a los carros que transitaban en las carreteras y ante las cámaras de los periodistas de todo el mundo; con sus chanclas, sus mochilas, sus cochecitos llenas de bebés y paquetes. Con la dignidad de quien cruza a una frontera porque tiene derecho de irse de su país.

Efectivos de la Guardia Nacional mexicana vigilan a la frontera. Foto: Orsetta Bellani

Aquella vez de hace dos años, los migrantes centroamericanos se congregaron en el puente internacional que divide el poblado guatemalteco de Tecún Umán de la ciudad mexicana de Tapachula, y entre empujones y gases lacrimógenos lograron romper la resistencia de las autoridades mexicanas. Una vez en el país la policía los “escoltó” en su camino, y muchos de ellos llegaron hasta la frontera norte. Algunos cruzaron ilegalmente a Estados Unidos, otros siguen varados en México a la espera de que se resuelvan los trámites de su asilo en el país norteamericano. 

Desde entonces, se sucedieron una decena de caravanas migrantes y el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador anunció una política de “puertas abiertas” que fue más que nada una declaración de intentos, siendo que en la práctica consistió sólo en la entrega de unas 15 mil tarjetas de residente por motivos humanitarios.

Sin embargo, en mayo de 2019 las declaraciones de López Obrador cambiaron de tono: Donald Trump amenazó México con subir del 5% los aranceles a sus importaciones si no detenía «el flujo de inmigrantes indocumentados». En respuesta, el presidente mexicano envió unos 6 mil elementos de la Guardia Nacional a su frontera meridional e incrementó del 63% las deportaciones de centroamericanos, que sólo en el primer año llegaron a 124 mil.

Elmer Antonio Rodríguez decidió sumarse a su primera caravana migrante en enero de 2020, pues no vio otra opción que irse de la ciudad hondureña El Progreso: trabajaba en una ferretería en por unos siete euros la semana y no tenía casa. Tras cruzar la frontera mexicana y caminar once kilómetros, la caravana fue interceptada por la Guardia Nacional. Unas 3 mil personas fueron detenidas y encerradas en las estaciones migratorias, tras ser “agredidas con piedras, toletes y escudos por elementos del Instituto Nacional de Migración y de la Guardia Nacional (GN) a fin impedir su avance”, escribe la gubernamental Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en un comunicado del 29 de octubre de 2020, que destaca la presencia de niños y adolescentes entre las personas agredidas.

Algunos migrantes lograron escapar a la persecución policial. Entre ellos Elmer Antonio Rodríguez, que en unos diez días recorrió todo México para luego lanzarse al desierto que conduce a Estados Unidos. “Caminé una semana entre nopales y rocas, tenía los pies llenos de ampollas. Me agarraron y me regresaron a Honduras”, dice el joven, que intentó la suerte otra vez a principio de octubre pasado, en la que fue la primera caravana desde el comienzo de la pandemia.

Sólo un par de semanas antes Guatemala, país que divide Honduras de México, había abierto sus fronteras después de un cierre de seis meses debido a la pandemia. “En estos meses hubo una baja en los flujos migratorios por el cierre de las fronteras y también por el miedo al contagio de los mismos migrantes”, afirma Marta Sánchez Soler, coordinadora general del Movimiento Migrante Mesoamericano, ong que registró una baja en los flujos migratorios de un 90%. El miedo al contagio sigue entre los migrantes centroamericanos, pero la crisis económica causada por la pandemia es aún más fuerte y los empuja a salir, solos o en caravana, chocando una vez más con las leyes migratorias endurecidas por la pandemia.

“En medio de la emergencia sanitaria actual nuestro deber es garantizar la vida de nuestros ciudadanos ante grupos que pueden vulnerar la seguridad y la vida, por lo que se tomarán las medidas junto con Honduras para contener la violación de las fronteras”, dijo el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei el primero de octubre, al enterarse de que miles de hondureños estaban a punto de tocar las puertas de su país.

Cruzar la frontera entre Honduras y Guatemala en realidad fue sencillo para Elmer Antonio Rodríguez y los demás integrantes de la caravana migrante, pero las carreteras guatemaltecas estaban llenas de retenes de policía y militares, donde han sido detenidos y deportados.

A Elmer Antonio le tocó en Tecún Umán, poblado que se encuentra en la frontera con México, justo cuando estaba a punto de cruzar la línea. Lo encontré mientras estaba encapsulado por la policía y el ejército guatemalteco con otros cien migrantes que se habían acercado a una estructura gestionada por religiosos para recibir comida. En ningún momento las autoridades que los cercaban los obligaron a regresarse a Honduras, a subirse a unos autobuses de los que colgaba una manta que decía “retorno voluntario”. Sin embargo, la presión los ganó: tras un día entero encapsulados, sin poderse mover y empapados de lluvia, con la certidumbre de que muchos migrantes que iban atrás ya habían sido deportados y no hubieran podido compactarse en la frontera mexicana para cruzarla en caravana, con las amenazas del gobierno mexicano de encarcelarlos por no respetar las medidas de prevención al Covid19 y con muchos albergues de migrantes – estructuras de apoyo gestionados por religiosos – cerrados a causa de la pandemia, Elmer Antonio y buena parte de sus compañeros aceptaron subirse al autobús que los regresó a su país.

Migrantes hondureños esperan su expulsión frente a la Casa del Migrante de Tecún Umán, Guatemala. Foto: Orsetta Bellani

“Compadres, ¿son humanos ustedes? ¿Comen o no comen?”, gritó Elmer Antonio a los militares, asomado por la ventanilla. “Lo mismo estamos nosotros, pero tenemos que buscarnos la vida porque no tenemos dinero”.

En el pasado las autoridades guatemaltecas nunca habían bloqueado el camino de la caravana de hondureños, también a causa de un acuerdo de libre tránsito llamado Centroamérica-4, firmado por Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua. En el caso de la caravana del principio de octubre de 2020, el pretexto utilizado para ignorar los convenios internacionales e impedir el paso de los migrantes ha sido la falta de la prueba PCR. De acuerdo con el Instituto Guatemalteco de Migración, de los aproximadamente 4 mil migrantes que ingresaron al país por la frontera con Honduras, 3.953 han “retornado voluntariamente”.

Los demás se colaron por las mallas no tan estrechas de la frontera meridional de México, que desde Tecún Umán puede ser atravesada cruzando el río Suchiate en balsa, pagando poco más de un euro. Algunos integrantes de la caravana migrante lo lograron, a pesar de los 300 elementos de la Guardia Nacional mexicana desplegados en la orilla del Suchiate. Otros más patrullaban las carreteras internas, que estaban vigiladas también con drones, según declaró el Instituto Mexicano de Migración.

“No es momento de migrar. Quédense en casa, la pandemia no ha terminado”, ha afirmado Mario Adolfo Bucaro Flores, embajador de Guatemala en México, quien apareció brevemente en la frontera al momento de la llegada de la Guardia Nacional.

De acuerdo con muchos analistas, el muro de Trump se está corriendo siempre más al sur debido a las presiones del ejecutivo norteamericano sobre México y sobre los países centroamericanos. “La administración de Guatemala ha cambiado política porque no es un gobierno que se mande, es un gobierno que le mandan”, afirma Olga Sánchez Martínez, fundadora del Albergue Jesús El Buen Pastor del Pobre y el Migrante de Tapachula, en México. “Siempre hemos sido presionados por Estados Unidos, es político lo que está pasando aquí”, incide.

Artículo publicado en El Gara el 19.11.2020.

Seis años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa: los dos gramos de fragmento óseo que cambiaron la versión oficial

Orsetta Bellani, Público (Foto: O.B.)

El recién hallazgo de un fragmento óseo confirma que las autoridades judiciales intentaron cubrir la participación de policías y militares. Las investigaciones avanzan, pero la verdad parece todavía lejana.

Era principios de julio cuando las autoridades llegaron a la casa de Clemente Rodríguez y Luz María Telumbre, en el Estado de Guerrero. Les hablaron de forma muy directa: «Se han encontrado los restos de su hijo Christian en la barranca La Carnicería, en Cocula, el ADN corresponde. Se trata de un fragmento de dos gramos».

Clemente Rodríguez contestó con calma a Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos que encabeza la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa, y a Omar Gómez Trejo, titular de la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el caso Ayotzinapa. «Les agradezco, ustedes están haciendo bien su trabajo», dijo. «Pero no veo cuerpo, no veo algo que me convenza. Me dicen que el fragmento óseo es del pie derecho de Christian, pero una persona puede sobrevivir aunque le corten un pie. No voy a aceptar tan fácilmente que mi hijo esté muerto».

Clemente Rodríguez y Luz María Telumbre viven en el poblado de Tixtla, a pocos kilómetros de la Escuela Normal Rural de Ayoztinapa, donde su hijo Christian Alfonso estudió hasta 2014, cuando desapareció junto a otros 42 estudiantes en un ataque en Iguala donde también resultaron heridas más de 80 personas y seis fueron asesinadas.

En el momento de conversar por teléfono con este diario, Clemente Rodríguez estaba de regreso de Iguala, donde se manifestó junto con su esposa y los demás padres de Ayotzinapa para exigir la entrega de las grabaciones de las cámaras que se encuentran afuera del Palacio de Justicia, uno de los escenarios del ataque, y que supuestamente se perdieron. También se estaba preparando para viajar a Ciudad de México, donde este sábado marchará con motivo del sexto aniversario de la desaparición forzada de los estudiantes, y participará en la presentación del informe del presidente López Obrador y otras autoridades sobre los avances del caso.

Foto: Orsetta Bellani

El 26 de septiembre de 2014, unos autobuses donde viajaban los jóvenes de Ayotzinapa fueron atacados en Iguala. Los hechos fueron inmediatamente atribuidos a la Policía Municipal y a la organización criminal Guerreros Unidos. Sin embargo, de acuerdo con el informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), un grupo de investigadores designados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), estaban también presentes policías municipales, estatales, federales y el ejército.

La hipótesis hasta ahora más acreditada es que el ataque se dio para recuperar un paquete con heroína que estaba oculto en uno de los autobuses, sin que los estudiantes lo supieran. Se basa en las declaraciones de Pablo Cuevas Vegas, un integrante de Guerreros Unidos que, durante un juicio en Estados Unidos, afirmó que su organización traficaba droga de Iguala a Chicago utilizando autobuses.

Los intentos de encubrimiento de las autoridades judiciales, y no sólo la participación de las policiales y militares en el ataque, llevaron a los padres de los estudiantes desaparecidos a una conclusión univoca: fue el Estado.

De acuerdo con el GIEI, 56 detenidos han sido torturados para que confirmaran la reconstrucción que el ex Procurador General Jesús Murillo Karam calificó de «verdad histórica». Esta versión afirmaba que los estudiantes habían sido atacados por la Policía Municipal y Guerreros Unidos porque fueron confundidos por integrantes de un grupo adversario. Los jóvenes habrían sido incinerados en el basurero de Cocula y sus restos arrojados en el cercano río San Juan.

Son 61 los funcionarios implicados en las torturas, entre ellos el ahora prófugo en Israel Tomás Zerón, ex director de la Agencia de Investigación Criminal, acusado de haber «sembrado» evidencias. El funcionario estuvo recorriendo la orilla del rio San Juan con un presunto jefe de Guerreros justo el día anterior al hallazgo, en el mismo sitio, de una bolsa con los restos del único otro estudiante identificado hasta ahora, Alexander Mora Venancio.

Ya en su informe final de 2016, los expertos independientes del GIEI habían afirmado que no existen evidencias que apoyen la «verdad histórica», y el descubrimiento del fragmento óseo de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, que se dio a más de 800 metros del basurero de Cocula, confirma lo dicho por el GIEI.

«Este hallazgo es muy importante porque cambia la narrativa impuesta por la Procuraduría General de la República (PGR), pues se da en un sitio completamente diferente al que se quiso imponer como único lugar de destino final de los estudiantes», afirma María Luisa Aguilar Rodríguez, del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Prodh), ONG que acompaña a los familiares de los 43 estudiantes. «Además da cuenta que si se utiliza asistencia técnica internacional se pueden dar respuestas a los familiares de las más de 73.000 personas desaparecidas en México».

Las autoridades mexicanas tuvieron el apoyo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y del prestigioso laboratorio del Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Innsbruck, donde han sido analizados los restos de Christian, que se encontraron junto con otros fragmentos óseos en noviembre de 2019 en la barranca La Carnicería, un sitio que ya había sido peinado por la PGR en 2014.

La verdad parece todavía lejana y el paso del tiempo dificulta el trabajo de los investigadores. Se han dado avances gracias al trabajo de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el caso Ayotzinapa y de la Unidad Especial de la Fiscalía, creadas por el presidente López Obrador al tomar posesión del cargo en diciembre de 2018.

«Creo que están trabajando bien aunque van lentas, hay voluntad política pero poca capacidad. Habría que destinarles más recursos», afirma Omar García, exestudiante de Ayotzinapa. De acuerdo con el joven, superviviente del ataque del 26 de septiembre de 2014, lo mismo habría que hacer con los demás casos de desaparición forzada que existen en México.

De hecho, a diferencia de la administración anterior, la de López Obrador parece tener la voluntad de esclarecer algunos casos, pero sólo los que se han vuelto muy mediáticos y han capturado la atención internacional. «La lógica de este Gobierno es resolver algunos casos emblemáticos, como el de Ayotzinapa, la masacre de la familia mormona LeBarón o algunos celebres casos de corrupción», afirma Jacobo Dayán, experto en derecho de la Universidad Iberoamericana. «Pero no hace nada para contrastar de forma sistémica la violencia y las violaciones a los derechos humanos, que en México son sistemáticas», concluye.

Artículo publicado en Público el 26.09.2020: https://www.publico.es/internacional/mexico-seis-anos-desaparicion-43-estudiantes-ayotzinapa-gramos-fragmento-oseo-cambiaron-version-oficial.html

Así se cuidan de covid-19 en territorio zapatista

Orsetta Bellani, Pie de Página (Foto: Isabel Mateos)

¿Cómo protegen los zapatistas su territorio del coronavirus? Con un territorio difuso y extenso, el EZLN ha apostado por la prevención y la desmovilización física de los habitantes

El doctor Luis Enrique Fernández Máximo se enteró de la alerta roja del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a través del Internet. Se alejó de la clínica autónoma zapatista de la comunidad de Las Tazas, donde colabora, y compró una ficha que permite conectarse a la red hasta en esta zona de la Selva Lacandona donde no hay señal. Desde que dejó Tlaxcala para trabajar con la organizacion no gubernamental Sadec (Salud y Desarrollo Comunitario) en esta comunidad, el joven doctor descubrió no sólo que le encantan la vida sencilla y los silencios nocturnos de la selva, sino que su real necesidad de conectarse al Internet es de un par de horas por semana.

Era el 16 de marzo de 2020 y en México había sólo 82 personas positivas al coronavirus. Luis Enrique Fernández leyó en su celular el comunicado del EZLN:

“Considerando la amenaza real, comprobada científicamente, para la vida humana que representa el contagio de covid19; considerando la frívola irresponsabilidad y la falta de seriedad de los malos gobiernos”, escribe el Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI) – Comandancia General del EZLN.

“Considerando la falta de información veraz y oportuna sobre el alcance y gravedad del contagio, así como la ausencia de un plan real para enfrentar la amenaza. Considerando el compromiso zapatista en nuestra lucha por la vida. Hemos decidido: declarar la alerta roja en nuestros pueblos, comunidades, barrios y en todas las instancias organizativas zapatistas”.

Al leer el comunicado, el joven doctor pensó que el EZLN lo iba a invitar a salir de su territorio. Así se hizo con los demás cuatro médicos y dos odontólogos de Sadec, que trabajan en cuatro comunidades de los municipios de Palenque y Ocosingo. Sin embargo, no fue así. Se permitió su permanencia para apoyar a la única “promotora de salud”, como se les dice a las y los zapatistas que curan con las plantas y con la medicina occidental. 

Cuando en 1994 se levantó en armas, el EZLN recuperó más de 150 mil hectáreas de tierra, donde construyó un sistema de gobierno, justicia, educación y salud totalmente autónomos del Estado; esto en regiones donde no llegaban maestros, doctores ni abogados. Lo hizo con el apoyo solidario de algunos colectivos y organizaciones nacionales e internacionales, como Sadec. Éste, desde 1995 colabora en la consulta médica en algunas comunidades autónomas y en cursos de formación para los promotores de salud, muchos de los cuales son a su vez formadores de sus propios colegas. 

Las Tazas, Chiapas. Aspectos de la Clínica Autónoma de los Pobres en la comunidad de Las Tazas. Foto: Isabel Mateos

Joel Heredia, fundador de Sadec, dice que de ellos aprendió que la salud es mucho más que la ausencia de enfermedad; y tiene que ver con “la capacidad de sentirse con ánimo de despertar, caminar, reírse, ir a la milpa. Salud es que su corazón esté contento, que uno se sienta a gusto consigo mismo y los demás”.

Paralelamente a la declaración de alerta roja, el EZLN cerró los Caracoles y los Centros de Resistencias y Rebeldías; asimismo, los “centros administrativos” que son sedes de su gobierno y de las clínicas autónomas más grandes y equipadas. Los promotores de salud fueron capacitados sobre la prevención del covid-19; luego fueron enviados a sus propias comunidades, también a las más remotas, donde existen pequeñas casas de salud autónomas.  

“Es un planteamiento claramente estratégico: no tener movilidad para impedir la difusión del virus y tener capacidad de atender estacionalmente, localmente, en cada punto donde hay un promotor de salud”, explica Joel Heredia. “Me sorprende que no hayan instalado un “Centro Covid autónomo”, para aislar a los casos sospechosos. Supongo que al hacer un cálculo frío de costos y beneficios asumieron que no valía la pena intentar atender en la parte asistencial; esto, dado el alto riesgo de contagio del personal de salud y se enfocaron a la acción preventiva comunitaria. Sin duda pusieron en la balanza que esto conlleva unos costos, pues no se están atendiendo personas con otras enfermedades”.  

El elemento que complica esta estrategia es que el territorio bajo influencia del EZLN no está delimitado claramente; en él, los zapatistas conviven con los partidistas, y resulta muy difícil para las autoridades autónomas ejercer un control sanitario estricto.

“Cuando el coronavirus llegó a México, en la comunidad Arroyo Granizo las autoridades zapatistas convocaron a toda la población – zapatista y partidista – para plantear las medidas de seguridad”, explica Joel Heredia. “Funcionó unos días y luego se perdió la capacidad de mantener la vigilancia, sobretodo debido a la gente migrante que regresó”.

Como en muchos rincones del mundo, una de las mayores preocupaciones del EZLN es la recepción de los migrantes que regresan a sus comunidades tras haber perdido su empleo en las maquilas del norte o en las playas del Caribe. La recomendación de la Comandancia zapatista es ponerlos en cuarentena. 

“Nosotros sabemos que los hermanos de algunas comunidades que vienen de fuera los han aislado. Después de 15 o 30 días ingresan con sus familias”, dice el comandante Tacho en un audio de Whatsapp que se difundió entre los bases de apoyo del EZLN. «Ese cuidado que ustedes han hecho es lo correcto. Así estamos seguros que estamos evitando un contagio que pueda llegar de afuera. No lo deseamos para nadie, pero tenemos que tomar las precauciones necesarias. Para que todos salgamos con vida para enfrentar esta enfermedad que tanto se ha extendido en diversas partes del mundo”.

Las Tazas, Chiapas. Aspectos de la Clínica Autónoma de los Pobres en la comunidad de Las Tazas. Foto: Orsetta Bellani

La Clínica Autónoma de los Pobres

La clínica autónoma de Las Tazas se inauguró en 1995; y se encuentra en la zona Dolores Hidalgo, uno de los nuevos Caracoles zapatistas anunciados hace poco más de un año. Es un edificio de barro pintado de azul, con murales de mujeres con estetoscopios, plantas y rostros encapuchados. Una lona de plástico que cuelga de un muro externo explica los síntomas del nuevo coronavirus y sus medidas de prevención. Afuera, un cartel advierte las nuevas reglas: “Por motivos de contingencia sólo pasarán dos personas a la vez adentro de la clínica. Atte: los compas”.

La Clínica Autónoma de los Pobres tiene una farmacia; las consultas son gratuitas pero las medicinas tienen un costo. también cuenta con un consultorio dental y uno médico con aparato de ultrasonido y doppler. La promotora de salud zapatista y el médico de turno de Sadec atienden todos los días de la semana; en la tarde y en la mañana. Antes de la emergencia sanitaria causada por el nuevo coronavirus hacían también consultas a domicilio. Reciben unos diez pacientes al día, originarios de Las Tazas y de otras ocho comunidades. 

El servicio de la clínica autónoma es fundamental para la población de la zona: zapatista y partidista; ya que la Unidad Médica Rural del IMSS de Las Tazas abre sólo tres días a la semana, y en el mes de mayo la doctora llegó sólo unos pocos días. 

“Muchas personas que acuden a la clínica autónoma ya estuvieron en la del IMSS y llegan preguntándonos si el diagnóstico del otro médico está bien”, dice Luis Enrique Fernández de Sadec.

Cada veinte días, Luis Enrique se turna en la clínica autónoma de Las Tazas con Juan Carlos Martínez Vásquez. Éste es otro joven médico originario de Ciudad de México, que antes de llegar a la Selva Lacandona no tenía conocimiento alguno sobre el pensamiento y la práctica zapatista. Su dificultad más grande es la comunicación en tzeltal, pues buena parte de los pacientes no hablan castellano; aunque la promotora de salud lo ayuda con la traducción. Gracias a ella, Juan Carlos Martínez conoció las plantas medicinales y aprendió lo que no se enseña en universidades: tratar con personas en lugar de enfermedades. “Si un día vieras un promotor hablar con un paciente es de verdad el acercamiento más humano que llegarías a tener”, dice. 

Foto: Isabel Mateos

Hasta ahora a las clínicas de Las Tazas han llegado seis pacientes con síntomas de Covid19, que se están resguardando en sus casas. A los casos más graves habría que trasladarlos al Centro de Atención Respiratoria abierto por la Secretaría de Salud en Ocosingo. Éste se encuentra a tres horas de distancia. 

Según Joel Heredia, fundador de Sadec, en Ocosingo y Palenque, la atención en el sistema de salud pública paradójicamente mejoró con la pandemia. “Antes, los hospitales no tenían áreas ni ambulancias de cuidados intensivos; porque las que más lo necesitaban eran mujeres indígenas que tenían complicaciones durante el parto”.

“Esta pandemia nos dejó ver la vulnerabilidad de todo el mundo, hasta de un presidente municipal o de un diputado. No es la bondad de la pandemia, es lo terrible de la pandemia” remató Heredia. 

Artículo publicado por Pie de Página el 4 de julio de 2020: https://piedepagina.mx/asi-se-cuidan-del-covid-19-en-territorio-zapatista/