Familias desplazadas regresan a Los Chorros, pero la “guerra de desgaste” sigue en los Altos de Chiapas

Orsetta Bellani, Pie de Página (Foto: O.B.)

Juana Ramírez Pérez se tapó la cabeza con un chal violeta y se encaminó, junto con unas treinta personas desplazadas de la organización Sociedad Civil Las Abejas. Este 20 de mayo regresaban a sus casas en el barrio Río Jordán del ejido Los Chorros, Municipio de Chenalhó, de donde fueron desplazadas casi dos años atrás por integrantes del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Juana y su esposo, Pedro Jiménez Méndez, junto con otras 5 familias de Las Abejas, se refugiaron en la comunidad de Acteal el 10 de agosto de 2019. Durante los primeros meses que transcurrieron en esta comunidad fría de los Altos de Chiapas fueron otras familias de Las Abejas quienes les entregaron su maíz y su frijol. Luego tuvieron apoyo de la parroquia de Chenalhó y del Fideicomiso para la Salud de los Niños Indígenas de México (FISANIM).

En Acteal, la pareja de poco más de 20 años perdió dos bebés. La diarrea y los vómitos empezaron para su hija María Angélica a pocos meses del desplazamiento. “Ella siente lo que ustedes sufren, su angustia hace que su hija se enferme”, dijo un curandero al matrimonio. La niña murió antes de cumplir el año. En aquel momento Juana ya estaba embarazada de María del Carmen, que falleció a los seis meses por las condiciones del desplazamiento.

“Vivir hacinados en un cuartito de madera con piso de tierra y compartir una cocina entre seis familias, la leña húmeda, el humo tupido que se penetra directamente en los pulmones hizo que ella se enfermara”, escriben en su blog Las Abejas de Acteal.

El pasado 20 de mayo, las seis familias desplazadas de Los Chorros llenaron cajas y costales con sus pocas pertenencias y las subieron a unas redilas. Viajaron en caravana hacia Los Chorros, acompañadas por otros integrantes de Las Abejas, medios de comunicación y organizaciones de derechos humanos. Una vez llegadas a la entrada del ejido, siguieron el trayecto hacia su comunidad caminando y cantando, dándose ánimo.

Acoso paramilitar desde 1997

La violencia en Los Chorros no es cosa nueva. El ejido ha sido uno de los laboratorios donde la Sedena implementó su manual Plan de Campaña Chiapas 94, que contemplaba el adiestramiento de civiles armados para la guerra contrainsurgente.

“Los Chorros es la cuna del paramilitarismo de los años ’90. Aquí se ha formado un grupo armado priista cuyos vínculos con el Estado se han comprobado y que participó en la masacre de Acteal”, afirma Jorge Luis Hernández del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas (CDH Frayba). “El grupo que opera hoy en día no está formado por las mismas personas que operaban en los años ‘90. Tampoco tiene las mismas armas o la misma estrategia, pero se trata del mismo ambiente, de la misma escuela que usa el miedo y el terror para controlar a la población”.

Juana Ramírez Pérez con su esposo Pedro Jiménez Méndez y su hija, tras su regreso en el ejido Los Chorros. Foto: Orsetta Bellani

Hay varios grupos armados que operan en Chenalhó, atacando a la población del mismo municipio y de los territorios colindantes. De acuerdo con varias fuentes que consultamos, son financiados por la presidencia municipal. “El gobierno federal da mucho más dinero a los municipios indígenas de los Altos de Chiapas que a otros más grandes, como el de San Cristóbal de Las Casas. Con este dinero se arman estos grupos, que son manejados por las “dinastías” que se han formado en las presidencias municipales”, afirma el antropólogo experto en paramilitarismo Arturo Lomelí, de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH).

Sin duda Abraham Cruz Gómez, que ha sido presidente municipal de Chenalhó hasta que tuvo que dejar su cargo para dedicarse a la campaña electoral de 2021, pertenece a esta dinastía. Cruz Gómez es originario de Puebla, otro ejido donde se han formado los paramilitares que participaron en la masacre de Acteal. Es hijo de Agustín Cruz, pastor presbiteriano que bendijo las armas utilizadas en la matanza, y es yerno de Jacinto Arias Cruz, quien en 1997 era presidente municipal de Chenalhó y ha sido señalado por la entonces PGR como el principal responsable de la masacre de Acteal.

En 2013, la Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) excarceló a Jacinto Arias Cruz por faltas al debido proceso – o sea por errores cometidos por parte del mismo Estado – junto con la mayoría de las personas sentenciadas por su participación en la masacre de Acteal. Poco después de que el ex presidente municipal de Chenalhó regresara al ejido Puebla, empezaron los ataques en contra de las bases de apoyo zapatista y de Las Abejas, hasta que 17 familias tuvieron que desplazarse.

Las elecciones de 2015 mostraron una vez más la cantidad de armas que existen en Chenalhó. Grupos priistas se enfrentaron con partidarios de Rosa Pérez Pérez del PVEM, cuyos hombres armados desplazaron unas 250 personas del ejido Puebla. En 2018, la presidencia municipal de Chenalhó pasó al tesorero de Rosa Pérez Pérez, el ya citado Abraham Cruz Gómez, cuyo rostro enmarcado por un sombrero tradicional tsotsil está en los afiches del PVEM para la campaña electoral de 2021.

De rambos, militares, ninjas, policías y ex milicianos

El 20 de mayo de 2021, mientras las familias desplazadas de Los Chorros regresaban a sus hogares, a menos de 20 kilómetros de distancia un campesino era herido en la mano por otro grupo armado de Chenalhó. Ocurrió en la comunidad de Ch’ivit, Aldama, municipio que mantiene una disputa sobre 60 hectáreas de tierra con Chenalhó. La víctima se llama Marcelino Santiz y se encontraba en su parcela cuando lo alcanzó una bala disparada desde Santa Martha, comunidad de Chenalhó donde opera un grupo armado que los presidentes municipales se han ido heredando. 

Juana Ramírez Pérez (derecha) regresa a Los Chorros, su comunidad, de donde ha sido desplazada el 10 de agosto de 2019. Foto: Orsetta Bellani

Se sabe muy poco de esta agrupación de corte paramilitar. De acuerdo con el CDH Frayba, está formada por cinco grupos que actúan de forma conjunta en contra de las comunidades. Los pobladores los ubican como rambos, militares, ninjas, policías y ex milicianos, según la forma en que visten.

A partir de febrero de 2018, cotidianamente y constantemente, este grupo dispara en contra de los pobladores de Aldama mientras se encuentran en sus casas, en sus parcelas o viajan en carro. En estos tres años asesinaron a 7 personas y 24 resultaron heridas. A causa de las balaceras, más de 2 mil pobladores de Aldama están obligados a desplazarse de forma intermitente: abandonan sus hogares y regresan cuando la intensidad de los disparos baja.

Unos meses antes de que el conflicto en Aldama recrudeciera, este grupo armado incursionó también en Chalchihuitán, que mantiene otra disputa de tierra con Chenalhó. Entre octubre y noviembre de 2017, desplazó a 5023 personas de este municipio tsotsil, que como Aldama es de los más míseros del país: de acuerdo con Coneval, más del 99% de su población vive en situación de pobreza.

Tras el desplazamiento forzado masivo, durante un mes el grupo armado de Chenalhó cerró las carreteras para que no entrara la ayuda humanitaria para los desplazados de Chalchihuitán. Once personas, entre ellos dos bebés, murieron de hambre y frío en el monte. Por falta de condiciones de seguridad, 1237 personas siguen desplazadas.

Las Abejas negociaron durante meses con las autoridades locales las condiciones de seguridad para el regreso de las seis familias desplazadas de Los Chorros. “Creo que se respetarán los acuerdos y podremos convivir con los partidistas de la comunidad, aunque tengo un poco de preocupación”, afirma Pedro Jiménez Méndez, esposo de Juana.

El joven estaba en una reunión para ultimar los detalles del acuerdo para el regreso, cuando su esposa Juana Ramírez Pérez caminaba con las demás familias desplazadas rumbo a su comunidad. Los pobladores de Los Chorros observaban la peregrinación de de Las Abejas, mientras unos músicos los acompañaban con guitarras y trompetas, cantando de la masacre de Acteal y de otras: Aguas Blancas, Ayotzinapa, Tlatlaya. 

Mujeres de la Sociedad Civil Las Abejas de Acteal caminan rumbo a Los Chorros para acompañar a las familias desplazadas en su regreso. Foto: Orsetta Bellani

Fue justo el revuelo internacional que despertó la masacre de Acteal – donde la responsabilidad del Estado fue comprobada – que obligó a un replanteamiento en la estrategia contrainsurgente. Se dio prioridad a los programas asistencialistas y se sustituyeron las acciones llamativas con operaciones menos visibles pero continuas, que desgastan y quiebran psicológicamente a la población: unos balazos en Chalchihuitán, un herido en Aldama, unas niñas de Los Chorros muertas durante su desplazamiento. Cada día, día tras día. Acciones que no llaman mucho la atención y se vuelven nota para pocos medios. Por esto la fase actual del conflicto chiapaneco es llamada “guerra integral de desgaste”.

Juana, Pedro y su hijita se quedarán en la casa de los padres de él durante sus primeras semanas en Los Chorros, pues la suya está sin techo ni paredes. Las láminas han sido destruidas y las tablas de madera despegadas por los miembros del PVEM que los atacaron. La pareja regresa a su comunidad con esperanzas, pero sabiendo que como vecinos tendrán a las mismas personas que los desplazaron.

Integrantes de la Sociedad Civil Las Abejas antes de acompañar a las familias desplazadas de Los Chorros en su regreso a la comunidad. Foto: Orsetta Bellani

Artículo publicado en Pie de Página el 30.05.2021: https://piedepagina.mx/familias-desplazadas-regresan-a-los-chorros-pero-la-guerra-de-desgaste-sigue-en-los-altos-de-chiapas/

«Estamos hartos de represión, de falta de salud, de educación…»

Orsetta Bellani, El Gara (Foto: O.B.)

Cuando era niño, Héctor Carabalí Charrupí buscaba entrar en las reuniones de los adultos de su comunidad en el Municipio de Buenos Aires, a orillas del río Timba, en el Departamento del Cauca. Con el tiempo fue líder juvenil, maestro y fundó la Coordinación Nacional de Organizaciones y Comunidades Afrodescendientes (CONAFRO), que es parte del movimiento Marcha Patriótica, y la asociación de víctimas Renacer Siglo XXI.

Un currículum peligroso en Colombia, el país de América Latina donde más líderes sociales son asesinados. De acuerdo con las ONU, han matado a más de 420 desde 2016, año en que se firmaron los acuerdos de paz entre el Gobierno y las FARC-EP.

Ha recibido amenazas desde 2008, ha sido víctima de dos atentados y le ha tocado desplazarse sin parar, pues en el país sudamericano es difícil encontrar un lugar donde un líder social pueda sentirse a salvo.

«Esperábamos que con la firma del acuerdo de paz el conflicto iba a ir desescalando poco a poco, pero, por contra, la situación empeoró. El Centro Democrático [fundado por el ex presidente ultraderechista Álvaro Uribe], que desde el principio se opuso a las negociaciones con las FARC, está al gobierno y no está cumpliendo lo pactado. Las comunidades campesinas, indígenas y negras seguimos en medio del fuego cruzado», afirma.

El 28 de abril, una reforma tributaria que incrementaba los impuestos en plena crisis económica causada por la pandemia ha desatado una ola de protestas en todo el país que aún no termina. Día tras día, la gente que sale a las calles para protestar ha ido aumentado. El Estado ha respondido con la misma brutalidad que emplea en los combates con los grupos armados en las zonas rurales.

En los videos difundidos en las redes sociales se ve a policías y civiles armados disparar en contra manifestantes, las céntricas calles de las ciudades convertidas en zonas de guerra, a madres llorando la muerte de sus hijos a manos de la policía. Centenares de manifestantes han sido heridos o desaparecidos y, de acuerdo con el Instituto para el Desarrollo o la Paz (INDEPAZ), 43 han sido asesinados hasta la fecha.

Policía Nacional de Colombia durante una marcha en 2015 en Bogotá. Foto: Orsetta Bellani

La reforma tributaria parece ser la gota que derramó un vaso que se iba llenando desde hace tiempo. ¿A qué se debe tanto descontento?

La reforma tributaria fue el detonante de un descontento que tiene que ver con una serie de deudas históricas que el establecimiento tiene con el pueblo colombiano: falta de salud, educación e infraestructuras, además del incumplimiento de los acuerdos de paz, que no cerraron las brechas dejadas por el conflicto. Por todo esto la gente está volcada en las calles enardecida. Además, estamos hartos de la represión de la Fuerza Pública. Un muchacho que vi nacer en mi aldea fue asesinado la semana pasada en Cali; al salir de la marcha un policía lo increpó, él le contestó y luego el policía le disparó todos los tiros de su pistola en su cabeza. Convocamos a la comunidad internacional a fijar los ojos en lo que está haciendo el gobierno en cabeza del presidente Iván Duque.

Mirando a las zonas rurales, la firma de los acuerdos de paz y la salida de las FARC-EP del conflicto causaron un reposicionamiento de los actores armados. ¿Asistimos a una fragmentación del conflicto armado?

En cada región hay muchos grupos alzados en armas, que se financian con el narcotráfico. Donde hay más presencia militar, hay más de estos grupos. El Departamento del Cauca, de donde vengo, tiene el primer lugar en asesinato de líderes sociales, el primer lugar en masacres y hay soldados en todos lados. Militarizar el territorio con el pretexto del combate al narcotráfico no es la solución.

¿O sea que el combate al narcotráfico sería sólo un pretexto?

El narcotráfico se ha utilizado en muchos países como un pretexto para invadir el territorio y colonizarlo. Hay otras fuerzas que están avanzando en las zonas rurales, como los megaproyectos extractivistas de las transnacionales.

Algunos analistas sostienen que en Colombia se firmó una paz para el capitalismo, que la salida de las FARC-EP de territorios ricos en recursos naturales abrió la puerta a la entrada de las grandes corporaciones, interesadas en explotarlos.

Sí, esto ha pasado. Cuando los sectores populares apoyamos la firma de los acuerdos, lo hicimos más con el corazón que con la razón. Antes de la llegada de las grandes empresas, estas zonas fueron completamente militarizadas y no precisamente para cuidarlas: en el norte del Departamento del Cauca, hay cantidades de militares y es justo donde a diario hay asesinatos y persecuciones. Lo que vemos es que la Fuerza Pública no está para cuidar a la población.

¿Y para que está entonces?

Para cuidar los intereses de las transnacionales, o sea, para abrirles el campo para que se puedan apoderar de los recursos naturales..

¿Cómo se prepararon los pueblos que viven las zonas rurales, en su mayoría indígenas y negros, para defenderse de esta embestida?

El papel de las comunidades es seguir reforzando sus procesos organizativos. Si no hubiese consejos comunitarios y organizaciones campesinas, estas zonas ya estarían totalmente devoradas por las transnacionales. Por esto nuestras comunidades están resistiendo, y por eso a diario están matando gente.

Los acuerdos de paz establecen que el Gobierno apoye la reincorporación a la vida civil de los y las exguerrilleros. ¿Qué tanto ha cumplido el Gobierno con este compromiso?

El Gobierno no fue capaz de garantizar la seguridad de los excombatientes y ya son 276 los que han sido asesinados. Tampoco cumplió con la promesa de apoyar los proyectos productivos que los excombatientes impulsaron para poderse reincorporar a la vida civil con un trabajo digno. Te pongo un ejemplo: cerca de mi comunidad está el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de La Elvira, una aldea construida para las y los excombatientes del Bloque Alfonso Cano de las FARC-EP. Allí empezaron con un proyecto productivo de transformación de café, pero cuando los grupos armados empezaron a matar a los excombatientes, quienes estaban a cargo del proyecto se tuvieron que ir y lo dejaron tirado.

El Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación de Icononzo, Departamento de Tolima, donde viven unos centenares de ex combatientes de las Farc. Foto: Orsetta Bellani

Algunos excombatientes han pasado a formar parte de las llamadas «disidencias de las FARC». ¿Están coordinadas, responden a algún tipo de mando central?

Las «disidencias» retomaron las armas porque este gobierno no cumplió con su palabra, que es la implementación del acuerdo de paz. No creo se pueda afirmar que tengan una ideología política, lo que se dice es que se están refundando y que tal vez en algún momento se consoliden o se unifiquen, tal vez en el futuro tendrán una postura más política. Esto todavía no está ocurriendo y en algunas comunidades han asesinado a líderes sociales. Las «disidencias de las FARC» se están disputando un poder y un territorio con el gobierno y no están ahí solas: el gobierno las necesita para que haya un enemigo interno para seguir justificando su guerra, el negocio de armas y el despojo de la tierra a campesinos, indígenas y negros que estamos asentados en los territorios.

Durante décadas, Colombia ha elegido presidentes conservadores. El expresidente ultraderechista Álvaro Uribe tiene tanto poder que pudo «poner» a dos presidentes. El próximo año habrá elecciones presidenciales y Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá y ex guerrillero del M-19, lidera las encuestas. ¿Será Petro el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia?

Álvaro Uribe gobernó durante mucho tiempo y diseñó una estructura que le ha permitido mantenerse en el poder. Si el pueblo colombiano, los movimientos populares, nos juntáramos alrededor de una iniciativa progresista que reúna los intereses del pueblo, podría ser que el partido de Uribe no llegase a ganar. Pero hasta el momento yo no lo veo claro. Hay varios candidatos alternativos pero si no se juntan alrededor de una iniciativa que sea de un candidato único, va a ser muy difícil competirle a Uribe por el poder de maniobra que tiene.

Entrevista publicada en El Gara el 12.05.2021.

Los musulmanes de Chiapas están haciendo el Ramadán

Orsetta Bellani, Pie de Página (Foto: O.B.)

Un lienzo blanco divide un cuarto cubierto con tapetes. De un lado, el imam Ibrahim Chechev recita el Corán en árabe rodeado por hombres, sentados en el piso con las piernas cruzadas. Del otro, un grupo de mujeres acompaña la oración. Algunas cubrieron sus cabezas con chales con motivos árabes, otras con rebozos tsotsiles.

Estamos en el centro religioso de la corriente musulmana Ahmadiyya de San Cristóbal de Las Casas, una de las cuatro mezquitas de esta ciudad. Es el 13 de abril y el ruido de un aguacero fuera de temporada atenúa la oración que marca el comienzo del Ramadán, la ayuna que las personas musulmanas respetan de sol a sol durante un mes. Se trata de una oración que se repetirá cada día al atardecer, hasta el 13 de mayo, cuando nacerá la luna nueva y se celebrará el Aid al Fitr, la fiesta de fin del Ramadán. 

La oración se interrumpe y entran unos platos de frutas: papaya, plátano, naranja. El sol se ha escondido y se puede romper la ayuna. Las mujeres comen de un lado de la cortina y los hombres del otro, sentados en círculo en los tapetes que cubren el piso. Cuando platican, el árabe de la oración es sustituido por el tsotsil. 

¡Allah akbar! – ¡Allah es grande!”, canta un joven que lleva un gorrito pakistaní llamado kufi. Laspostraciones comienzan otra vez, en la mezquita que ahora perfuma a naranja.

“El Ramadán es un mes completamente espiritual que conlleva muchas reflexiones”, dice Ibrahim Chechev, indígena tsotsil que como imam es encargado de la dirección espiritual de la comunidad Ahmadiyya. “Al padecer hambre y sed te metes un poquito en la vida de las personas más pobres y te vuelves más humilde, más humano, todo lo agradeces”.

La familia de Ibrahim Chechev fue una de las primeras de San Cristóbal de Las Casas a convertirse al islam, en los años 90. En ese entonces el joven se llamaba Anastasio Gómez Gómez y era un adolescente preocupado por la violencia en su familia. 

Joven de la comunidad Ahmadiyya durante una oración. Foto: Orsetta Bellani

“Lo que más me llamó la atención del islam es el espacio que da a libertad personal y a la protección de las mujeres. De hecho, tras la conversión mi papá dejó de maltratar a mi madre”, asegura Ibrahim Chechev, que tras siete años pasados en Granada cecea como español. “Dios dice claramente que ante los ojos de él todos somos iguales y que las mujeres no son inferiores. La forma en que tratan a las mujeres en países como Arabia Saudita no tiene nada que ver con el mensaje del islam, es una interpretación equivocada del sagrado Corán”.

En cuatro ocasiones Ibrahim Chechev viajó a La Meca, en Arabia Saudita, lugar de peregrinación casi obligada para los musulmanes. “Uno no puede descifrar la alegría, la intensidad que se vive ahí, es un regalo único realmente. Cuando encuentras a una multitud de gente y todos son tus hermanos, y hablas una sola palabra con personas de otros países y de clases sociales distintas. Allí ves que el islam es una única religión universal”.

Casi 8 mil musulmanes en México

El islam abraza unos mil 800 millones de personas en todo el mundo y se estima que al final del siglo los musulmanes superarán en número a los cristianos. Al contrario de lo que se suele pensar, sólo el 20% son árabes. De acuerdo con el censo INEGI de 2020, en México 7982 personas se reconocen como musulmanas y se estima que la comunidad de San Cristóbal de Las Casas está integrada por unas 700 personas, en gran mayoría indígenas. En el transcurso del tiempo, se han dividido en cuatro grupos distintos.

Las demás corrientes del islam existentes en el mundo consideran como herejes a los Ahmadiyya. “Su fundador se asumía como profeta, cuando uno de lo cinco pilares del islam afirma que Mohammed fue el último”, dice Abderrahman, emir de la mezquita Iman Malik de San Cristóbal de Las Casas, que es parte de la corriente musulmana sufi. Añade que otra diferencia con las demás corrientes del islam es que los Ahmadiyya no creen en la segunda venida de Jesús: afirman que el profeta no se murió en la cruz sino siguió con su misión de mensajero de Dios hasta los 107 años, cuando falleció en Cachemira.

Ibrahim Chechev durante la oración del viernes. Foto: Orsetta Bellani

De acuerdo con el emir Abderrahman, que es español, el islam más que una fe es una practica que desarrolla la disciplina. La vida cotidiana de las personas musulmanas se adapta a la obligación de rezar cinco veces al día y a respetar la ayuna durante el mes de Ramadán, volviendo su existencia más recta y centrada. “El Ramadán es una experiencia extraordinaria”, asegura. “Es una ayuna que purifica el organismo y que no resulta muy pesada para quien la hace, gracias a su componente espiritual”.

El emir está sentado en el tapete rojo que cubre el piso de la mezquita Iman Malik, un edificio grande con un minarete y con arcos y azulejos en estilo árabe. Se encuentra justo frente a la sede de los Ahmadiyya, en el periférico norte de San Cristóbal de Las Casas, en una colonia donde conviven iglesias católicas, evangélicas, presbiterianas y adventistas. De acuerdo con el INEGI, Chiapas es el Estado con más diversidad religiosa de México y sólo el 54% de su población se considera católica. 

Un musulmán atraído por el zapatismo

Como el catolicismo, el islam llegó a Chiapas de España. Se llamaba Aureliano Pérez Yruela, también llamado Nafia, el primer español musulmán que desembarcó en 1995, un año después del levantamiento zapatista. Integraba al Movimiento Mundial Murabitun (MMM), movimiento islámico que rechaza el capitalismo, los bancos y el papel moneda, y anhela la reconstrucción de las comunidades autónomas del Estado que Mohammed fundó en la ciudad saudí de Medina. 

Nafia llegó a Chiapas con la esperanza de encontrar al subcomandante Marcos para proponerle la puesta en marcha de “un plan económico y político de reconstrucción social”.  “La lucha por la liberación de los pueblos debe hacerse bajo la bandera del islam transformador, siguiendo el mensaje revelado que nos trajo Mohammed, el último de los profetas, el libertador de la humanidad”, escribió Nafia en la carta de 14 cuartillas que entregó al comandante Tacho y al entonces mayor Moisés.

El subcomandante Marcos nunca quiso encontrar a Nafia, que sin embargo decidió quedarse en Chiapas para establecer, no sin dificultades, una comunidad islámica. Nafia leyó como una ventaja los cambios que, a mediados de los años ’90, la chispa zapatista estaba detonando en San Cristóbal de Las Casas, ciudad donde confluía mucha gente del campo, de otras partes de México y del extranjero. El cosmopolitismo y la riqueza étnica y cultural de San Cristóbal de Las Casas se refleja en la actual composición de la comunidad musulmana, integrada en su mayoría por personas de diferentes pueblos indígenas, además de mestizos sancristobalenses y blancos de origen español.

En un principio, Nafia se acercó a las familias tsotsiles evangélicas que en los años ’70 habían sido expulsadas de San Juan Chamula. Éstas encontraron en la comunidad musulmana el espacio donde reconstruir sus lazos comunitarios, y un sentido de pertenencia que había sido trastocado por su desplazamiento forzado. Los nuevos conversos invitaban a sus familiares, aprovechando del “nomadismo religioso” presente en esta religión, donde es común que una persona cambie de fe varias veces en su vida. La comunidad musulmana se fue alargando poco a poco.

El sincretismo religioso

Aisha Gomez Perez. Foto: Orsetta Bellani

Cada día Aisha Gómez Pérez acude a la mezquita Ahmadiyya para conectarse al Internet y seguir las clases de la Facultad de Historia de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), que son en línea desde el comienzo de la pandemia. La joven es tsotsil y su familia se convirtió al islam antes de que naciera: desde bebé la llaman Aisha, que en árabe significa “llena de vitalidad”. 

Su carrera escolar empezó en la madrasa (escuela coránica) que el MMM abrió en San Cristóbal de Las Casas. “Durante las oraciones las maestras sentaban a los niños blancos, hijos de los primeros españoles que llegaron a Chiapas, frente a los niños indígenas, y durante las clases los trataban mejor”, recuerda Aisha Gómez Pérez. 

Su familia le contó que Nafia era una persona autoritaria que les prohibía hablar tsotsil, vestir sus prendas tradicionales, comer tortillas y relacionarse con personas no musulmanas. Además, obligaba a las mujeres a llevar el velo todo el tiempo y promovía la poligamia masculina que, a pesar de ser permitida por el Corán, no era aceptada por las conversas.

La primera división de la comunidad islámica de San Cristóbal de Las Casas se dio a finales de los noventa, justo a causa de los intentos de los integrantes del MMM de borrar la identidad tsotsil e imponer costumbres que no eran aceptadas por la población local. 

“Recuerdo que en aquella época algunas activistas y académicas feministas se preocupaban de que la llegada del islam significara una cuádruple opresión para las conversas; por ser mujeres, pobres, indígenas y musulmanas”, dice la investigadora independiente Sandra Cañas Cuevas. “Veían a las mujeres indígenas como carentes de agencia y en realidad esta experiencia de conversión es más compleja”.

Cañas Cuevas afirma que las mujeres de la comunidad islámica se apropiaron de la nueva religión de forma selectiva, retomando algunas prescripciones y reformulando o hasta rechazando las que no consideraron adecuadas.

Un ejemplo es el uso del velo: algunas decidieron usarlo en la calle y otras lo llevan sólo durante las oraciones, como Aisha Gómez Pérez. En el primer día de Ramadán, la joven tapó su cabeza con un chal de lana, azul y morado. Cuando la oración termina, se sienta en círculo con sus compañeras en el tapete de la mezquita Ahmadiyya y, del otro lado del lienzo blanco que divide el cuarto, los hombres hacen lo mismo.

La lluvia ha dejado de ensordecer y en el cielo ya se ha asomado la luna nueva que señala el comienzo del mes sagrado. Se rompe la ayuna comiendo harira, una sopa marroquí que aquí se prepara con chile y se acompaña con tortillas. “El islam no cancela las expresiones culturales locales y es normal que no sea lo mismo en Asia, en África o en Europa”, afirma una mujer de origen español. “Es una religión que florece de formas distintas y adquiere las peculiaridades de un lugar, el sabor de una cultura”. 

Artículo publicado en Pie de Página el 8 de mayo de 2021: https://piedepagina.mx/los-musulmanes-de-chiapas-estan-haciendo-el-ramadan/