Cherán, el pueblo que hizo frente al crimen organizado

Orsetta Bellani, El Gara (Foto: O.B.)

Cuando vieron la camioneta bajar del cerro llena de leña talada, María Guadalupe García Macías y sus compañeras salieron de sus casas con unos palos. Era el 15 de abril de 2011 y las mujeres indígenas purépechas del pueblo de Cherán, en el mexicano estado de Michoacán, ya se habían hartado de ver procesiones de vehículos de las organizaciones criminales llevarse los arboles de su bosque, sagrado para los indígenas purépecha. Llegaron a contar hasta 200 camiones diarios que subían y bajaban de sus cerros.

Aquel día de 2011, las mujeres de Cherán se acercaron a la camioneta de los talamontes, los obligaron a bajar y los retuvieron. Las campanas de la capilla del Calvario empezaron a tocar y la gente salió a la calle; los hombres se sumaron a la revuelta de las mujeres y así empezó a tomar forma una de las experiencias de autogobierno y autodefensa indígena más reconocida de México.

«Todo el pueblo, primero las mujeres y después los hombres, los niños y las personas mayores nos reunimos para frenar a los talamontes», recuerda García Macías. «Somos luchadoras, las mujeres somos muy valientes, lo traemos en la sangre», dice. Tras el levantamiento, la gente de Cherán atravesó troncos y amontonó piedras en las tres entradas del pueblo impidiendo que los integrantes de las organizaciones criminales entraran para rescatar a sus compañeros. Al día siguiente, los cuatro barrios de Cherán que se habían levantado en defensa de su bosque y por la seguridad se reunieron en asamblea: desconocieron a la Policía, a los partidos políticos y a la Presidencia municipal, por su colusión con los criminales.

Guardabosques patrullan los cerros de Cherán. Foto: Orsetta Bellani

Además, prohibieron el cultivo de aguacate en su territorio, pues la tala criminal de los bosques no estaba dirigida sólo a vender su preciada madera en el mercado ilegal, sino a «liberar» espacio para implantar este árbol que desertifica la tierra y causa problemas de acceso al agua para la población, al requerir cien metros cúbicos de agua al mes por hectárea, once veces más que el pino.

«Sacamos a los partidos políticos y desde entonces no hubo elecciones en Cherán. Formamos nuestro propio Gobierno, el Concejo Mayor, que elegimos por usos y costumbres», dice María Guadalupe García Macías, que es una de sus doce concejales, llamados k’eris en idioma purépecha.

Su «candidatura» fue propuesta en mayo de 2018 por una fogata de vecinos. Cada noche, cuando el sol se esconde detrás del cerro y el frío abraza la meseta purépecha se prenden fogatas en cada esquina del pueblo para presidiar las calles, compartir atole, café y palabras entre vecinos. Es allí donde se debate sobre los problemas de la comunidad y se hace política. En tiempos de elecciones, por usos y costumbres, las fogatas proponen una lista de nombres de pobladores que se postulan al cargo de k’eri a la asamblea de los barrios de Cherán, que elegirá el nuevo Concejo Mayor. Ser parte de este órgano para los cheranenses no es un privilegio, sino servicio a la comunidad.

«Buscamos retomar y fortalecer instituciones que como pueblo purépecha teníamos antes de la colonia, como el Concejo Mayor de Gobierno», explica el abogado David Daniel Romero, poblador de Cherán.

El Gobierno autónomo purépecha está reconocido por el Estado. El 2 de noviembre de 2011, con base en la Constitución de la República y convenios internacionales como el 169 de la OIT y la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Tepjf) resolvió a favor de los comuneros, reconociendo el derecho de sus 15.000 habitantes de elegir a sus autoridades por usos y costumbres.

La Ronda Comunitaria

La sede del Concejo Mayor es la Casa Comunal de Cherán, un edificio de estilo colonial que en 2011 fue tomado por la población insurrecta. Afuera, en la bella plaza principal del pueblo, las familias pasean y disfrutan de los puestos de comida, las personas ancianas descansan en los bancos y los niños juegan a la pelota hasta en las noches.

Es una de las conquistas de la rebelión de los comuneros. Hasta 2011, Cherán estaba tomado por grupos criminales ligados a La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios. En los bosques que rodean el pueblo se dedicaban a la tala ilegal y a abrir rudimentales narcolaboratorios para la producción de drogas químicas, al mismo tiempo de que extorsionaban, mataban, desaparecían comuneros y cobraban «cuotas» a los comerciantes. Después de las 9 de la noche, la gente de Cherán no salía de sus casas.

Guardabosques patrullan los cerros de Cherán. Foto: Orsetta Bellani

La situación ha sido revertida gracias a la acción de la Ronda Comunitaria, un cuerpo de seguridad autónomo y comunitario integrado por unas 60 personas entre hombres y mujeres. Son elegidas por la asamblea de Cherán, que puede destituirlas de su cargo si no cumplen con su mandato.

La Ronda Comunitaria presidia las tres entradas al pueblo: allí donde en abril de 2011 fueron levantadas las barricadas hoy en día existen puestos fijos de vigilancia. Los «rondines» paran cada carro, preguntan el motivo de la visita, controlan que no entren los criminales, políticos o la propaganda de sus partidos. Tienen uniforme, armas y un sueldo pagado por el Estado, que tuvo que reconocer su función tras la sentencia del Tepjf de 2011.

La rebelión de Cherán expulsó a la Policía Municipal y cerró la oficina de la Procuraduría General de Justicia del Estado, ambos acusados de no cumplir con sus funciones y de tener nexos con las redes criminales. La Procuraduría fue sustituida por el Consejo Procuración y Mediación de Justicia, órgano comunitario y autónomo, y en la sede de la Ronda Comunitaria de Cherán existe una pequeña prisión donde se detiene a personas acusadas de delitos menores. Los delitos graves son remitidos a la Agencia del Ministerio Público de Zamora.

Desde la sede de la Ronda Comunitaria salen los «rondines» para patrullar el pueblo varias veces al día. Y cada madrugada, antes de que el sol se asome para calentar el aire frío de la meseta purépecha, salen las camionetas de los guardabosques para cuidar a sus cerros sagrados.

El negocio del «oro verde»

«A todos los que encontraban aquí los agarraban: los desaparecían o los mataban. Solamente ellos eran libres para tumbar arboles», señala Juan Chávez mirando a una cruz que recuerda que allí, entre árboles de pino y encino, el crimen organizado ha matado a un hombre.

Juan Chávez camina por los senderos que rodean Cherán con la agilidad de un joven. Los conoce en detalle pues son sus bosques, pertenecen al pueblo purépecha. Lo acompañan dos guardabosques, un cuerpo de seguridad que acompaña a la Ronda Comunitaria en las tareas de seguridad. Cargan rifles y tienen un uniforme azul oscuro con la bandera purépecha cosida la manga.

Los guardabosques no sólo patrullan a los bosques para asegurarse de que no entren los talamontes, sino que reforestan las áreas que han sido taladas en años pasados. El periodo de despojo más intenso en Cherán fue, de acuerdo con un estudio académico de María Luisa España y Omar Champo, entre 2010 y 2011. En total, fueron deforestadas más de 9.000 hectáreas, «lo que equivale al 71% de la superficie vegetal existente en 2006». Alrededor del 80% ya ha sido reforestado por los guardabosques comunitarios, que gestionan un vivero que tiene capacidad de producir dos millones y medio de plantas por año.

«Tenemos muchos árboles nuevos, los hemos replantado, pero tenemos que seguir reforestando y patrullando para que no entren a talar para sembrar aguacates, que aquí está prohibido», indica Juan Chávez mirando a las montañas que se extienden frente a nosotros. «Miren allá, se ve la diferencia, el bosque cambia de color. A partir de allí, donde termina el Municipio de Cherán, hay aguacates».

Desde los cerros de Cherán se pueden ver los monocultivos de aguacates que están sembrados en los municipios limítrofes. Foto: Orsetta Bellani

Donde antes se sembraba maíz, amaranto, frijol, calabaza, cacao o tomate, hoy en día se extienden largas hileras de monocultivos de «oro verde». Michoacán es el mayor productor de aguacate del mundo. Este fruto rico de vitaminas, grasas nutritivas y fibras deja divisas por unos 1.150 millones de euros y, de acuerdo con la Secretaría de Economía mexicana, más de 31 millones de euros provienen del Estado Español, cuyo consumo de aguacate michoacano entre 2015 y 2016 creció de más del 140%.

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural mexicana, en 2019 Michoacán produjo un millón 725.000 toneladas de aguacate, alrededor del 76% de la producción nacional. En marzo de 2019, el gobernador, Silvano Aureoles, afirmó que la mitad de las 200.000 hectáreas de cultivo de «oro verde» que se encuentran en el estado son irregulares. A los productores se les exige una «cuota» por cada hectárea cultivada, a los jornaleros se les cobra para poder trabajar en la cosecha y buena parte de la línea de producción y comercialización acaba enriqueciendo a las organizaciones criminales.

Artículo publicado en El Gara el 15 de enero de 2021.