Hasta aquí llegó la paz de los indígenas en el Cauca

Laura Soto, La Silla Vacía (Foto: Orsetta Bellani)

Desde hace tres años en Corinto, al norte del Cauca, no había un hostigamiento. Después de sufrir ataques casi diarios entre el 2009 y el 2014, el cese del fuego con las Farc había silenciado por completo los fusiles. Hasta la semana pasada, cuando supuestos miembros del ELN atacaron a 20 militares y volvió la zozobra entre sus habitantes.

Históricamente, esta zona no pertenece al ELN, que se mueve más por el sur del departamento, lo que prendió las alarmas de una posible expansión elena luego del paro armado de tres días la semana pasada.

Sin embargo, detrás de este hostigamiento y al menos cinco apariciones más en ese municipio y sus veredas cercanas, estaría la disidencia de ‘Mordisco’, quien como contamos dejó la zona veredal de las Farc hace un año y que estaría usando la marca del ELN para delinquir y tomar el control de la zona, según le dijeron a La Silla altas fuentes militares del departamento.

La disidencia de ´Mordisco´ está peleando el control del norte del Cauca y sus rutas del narcotráfico que van hacia la costa pacífica caucana con otras dos disidencias: la de la columna móvil Jacobo Arenas liderada por alias ´Mauricio´ que tendría entre 20 y 25 hombres y se mueve sobre todo en Buenos Aires, al norte del Cauca y la disidencia del Frente 8 y 29 de las Farc que tendría 15 hombres, y era liderada por alias ´El indio´ que fue capturado por el Ejército en Buenos Aires y se mueve sobretodo en el Tambo, en el centro del Cauca y Argelia, municipio del sur que limita con Nariño.

Al peligro ya latente de que se recicle la guerra con la salida de las Farc del territorio, se suma el de que estos grupos se fortalezcan gracias a las alianzas que tendrían con las disidencias del sur del país, encabezadas por Gentil Duarte, hoy el hombre que estaría negociando la coca con los carteles de México y Brasil.

En todo caso, el ELN sigue en las zonas donde ha hecho presencia histórica como en los municipios sureños Bolívar, La Vega y Almaguer con el Frente Vásquez Castaño que tiene cerca de 35 hombres. Y con el Frente José María Becerra en los municipios de Argelia y el Tambo con cerca de 110 hombres que aún controlan las rutas del narcotráfico y de la minería ilegal en esa región.

Aunque aún no es confirmado que se estén expandiendo a zonas donde no hacían presencia, no se descarta de tajo esa posibilidad.

La aparición de nuevos grupos narcotraficantes, disidentes y la posible expansión del ELN son los ingredientes del nuevo germen de violencia en el Cauca tras la salida de las Farc y la posibilidad de una reacomodación y reciclaje de la guerra en el cuarto departamento con más coca del país.

Los falsos elenos

Según nos dijo Héctor Fabio Dicué, ex gobernador suplente del Cabildo Indígena del resguardo indígena de Páez, desde hace un año comenzaron a aparecer letreros del ELN en las calles, panfletos y rumores en Corinto de que este grupo estaba llegando al municipio que queda a una hora de Cali.

A finales de enero de este año, una camioneta cargada de víveres fue robada por hombres armados en la vereda San Pablo; los ladrones, que tenían camuflado y brazaletes del ELN, les dijeron a los indígenas Nasa que ellos querían encargarse de la seguridad del municipio, algo que rechazaron los indígenas.

Y el 8 de febrero, en una asamblea convocada por los indígenas en El Crucero, llegó, por solicitud de los indígenas, un supuesto representante del ELN, quien se identificó como ‘Dago’, a quien le insistieron que su grupo se fuera de la zona.

“Los 20 cabildos del norte del Cauca no permitiremos grupos armados, llámese como se llamen. Queremos que le lleve el mensaje a su comandante y pedirle que es bueno que él de la cara, así como nosotros hablamos directamente y no nos da miedo” le dijo un indígena al presunto hombre del ELN como se escucha en esta página.

Por eso tanto la comunidad Nasa como el Ejército están convencidos de que el ELN no está en Corinto, sino que la disidencia de ´Mordisco´ está usando su nombre para imponerse con fuerza en esta región.

Según nos dijo el general Jorge Hernando Herrera, comandante de la brigada 29 del departamento, el hostigamiento de la semana pasada habría sido una retaliación del grupo por una incautación por parte de la Fuerza Pública de dos toneladas de marihuana que le pertenecían a ´Mordisco´.

“Ellos se disfrazan para distraer la atención, para confundir y se camuflan según más les convenga” nos dijo otra alta fuente del Ejercito. “Esta vez aprovecharon que el ELN estaba en paro armado y eso les iba a dar más impacto a sus acciones”, explicó la fuente.

Aunque para el General lo de la semana pasada fue algo menor comparado con los hostigamientos que hacía las Farc hace algunos años en los que morían policías y duraban varias horas, para los indígenas este es una respuesta a la exigencia que les hicieron los indígenas hace dos semanas para que abandonaran su territorio.

“Con ese hostigamiento nos están diciendo, aquí estamos y aquí nos quedamos”, dijo una autoridad del resguardo indígena de Páez.

Tres líderes indígenas con los que hablamos en terreno creen que este fue solo el inicio de una nueva fase de la guerra que amenaza con romper ese ciclo de paz que vivió el municipio por más de tres años.

La amenaza de la reorganización

Desde enero, en el Cauca recrudeció la violencia. A inicios de enero fueron asesinadas cinco personas al sur en Bolívar tras enfrentamientos de narcotraficantes; otras tres muertes en la zona rural de Argelia, también al sur; el asesinato del hermano del alcalde de Buenos Aires, al norte del departamento; y en menos de dos meses han sido asesinados cuatro líderes sociales.

Lo que demuestra este tipo de acciones según nos dijeron por aparte el investigador y sociólogo de la Universidad Javeriana de Cali Rodrigo Ante y el defensor del Pueblo del Cauca, Norman Granja, es que se está dando una reconfiguración territorial que amenaza una de las cosas más importantes que dejó el proceso de paz con las Farc en ese departamento: el cese de las confrontaciones armadas como lo reconocen las mismas comunidades.

Además, esto implica una transformación del modus operandi de la violencia.

Tanto autoridades indígenas, como el Defensor, coinciden en que esta nueva faceta de la guerra es más compleja porque a diferencia de cuando estaban las Farc, ahora las comunidades no saben quiénes están detrás de los atentados y hay múltiples actores armados.

“Cuando estaban las Farc por lo menos sabíamos quiénes eran y dónde estaban y si queríamos reclamar o exigirles algo ya sabíamos con quién teníamos que hablar”, nos dijo una autoridad del Cabildo de Corinto que pidió que no lo citáramos por seguridad.

Ahora si bien escuchan nombres y han hablado con estos supuestos enviados, el ELN no tienen identificado quiénes lideran el grupo, dónde están, ni qué política, reglas o filosofía tienen.

Esto también afecta tanto el trabajo de las Fuerzas Militares que tiene que combatir pequeños grupos que están mutando, que aparecen y desaparecen, que son difíciles de identificar y por lo tanto de combatir, y también afecta la misión humanitaria.

“Con las Farc, de alguna manera ellos sabían el papel que nosotros jugábamos y había un reconocimiento y respeto de ellos hacia nosotros, pero con estos nuevos grupos no sabemos si también harán lo mismo, tampoco sabemos con quién hablar en caso de ser necesario un acompañamiento”, nos dijo el defensor Granja.

Sumado a esta incertidumbre sobre la identidad de los grupos, lo que desde ya se da por sentado en Corinto por ejemplo, es que revivirán los viejos conflictos entre indígenas, militares y grupos al margen de la ley.

Los indígenas, sobre todo del norte del Cauca, desde hace muchos años han ejercido una gobernabilidad autónoma de su territorio que no es negociable. Y no lo es porque el territorio es para ellos la esencia y centro de toda su existencia y por eso están dispuestos a defenderlo incluso con su vida.

Con eso chocan los grupos ilegales, porque por la presencia de cultivos ilícitos y ser un corredor estratégico tanto para sacar la droga a la costa Pacífica, como por conectar distintas partes del país como Tolima, Valle, Nariño, tener el control de la zona es altamente rentable.

“Yo sé que ningún grupo armado nos va ayudar a nosotros, siempre lo hemos tenido claro. (…) Nuestra arma es la unidad, con eso nos mantenemos. La guardia indígena está fortalecida y nosotros estamos cansados de grupos armados, ni legal ni ilegal, porque las Farc nos mató mucha gente en nuestro territorio”, dijo un líder indígena en la asamblea.

La droga, el combustible

El Cauca tiene oficialmente según el Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, Simci, 12 mil hectáreas sembradas con cultivos de coca, marihuana y amapola, pero el coordinador del programa de sustitución en el Cauca, Walter Aldana, dice que son 18 mil y que contrario a lo que dice la Fuerza Pública, los cultivos están aumentando. Lo mismo nos dijeron el Defensor del Pueblo y las autoridades indígenas de Corinto.

Las zonas con más cultivos de uso ilícito como el norte y el sur del departamento coinciden con los lugares donde hoy hay ELN y disidencias. Además tienen los tres eslabones del narcotráfico: la producción o siembra, transformación y comercialización.

Por eso, para el Defensor y la comunidad indígena, entre tanto no se solucione el tema del narcotráfico, la situación de violencia seguirá empeorando.

Y hasta ahora, la solución del Gobierno a través del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, Pnis, apenas está arrancando en este departamento y hay comunidades que aún no están convencidos de entrar en él.

Según Aldana, de los 42 municipios del Cauca, en 11 se han firmado acuerdos colectivos, pero solo en tres, Miranda, Jambaló y El Tambo, se han firmado acuerdos individuales con 5772 familias. El Tambo es el cuarto municipio con más cultivos de uso ilícito del país con 5300 hectáreas según el Simci.

De esos tres municipios, 500 familias han recibido el primer pago que es lo que da vía libre a la sustitución de cultivos.

Un avance lento, que él mismo reconoce y se debe a varios factores.

El primero, según él, es la poca capacidad operativa que tiene el programa pues Aldana solo cuenta con tres funcionarios para todo el departamento. El segundo, es que algunas comunidades indígenas no están totalmente convencidas con el programa porque, según nos dijo una autoridad del Cabildo de Corinto, no les ofrece las garantías necesarias y porque no fue consultado con ellos.

Por otro lado, la violencia también les está pasando factura. El asesinato de los líderes en Guapi que estaban impulsando la sustitución “fue un golpe para el programa”, dijo Aldana, porque eso atemoriza a que otros líderes se sumen a esa tarea.

Y porque en Miranda (al norte y frontera con Valle) donde 370 familias recibieron el primer pago, no han podido hacer la verificación de si están sustituyendo o no porque ha habido hostigamientos y los funcionarios no tienen garantizada la seguridad.

Aunque el Ejército seguirá erradicando hasta completar la meta de 400 hectáreas durante este año, según nos dijo el General Herrera, mientras no se solucione el problema de los cultivos ilícitos será muy difícil que el fantasma de la guerra desaparezca. Y por ahora, Corinto volvió a las épocas de los toques de queda, de cerrar los negocios temprano, de no salir y de estar en la zozobra de “que en cualquier momento se vuelven a entrar al pueblo” como nos lo dijeron dos habitantes del municipio.

Artículo publicado en La Silla Vacía el 19.02.2018: http://lasillavacia.com/silla-pacifico/hasta-aqui-llego-la-paz-de-los-indigenas-en-el-cauca-64748