Colombia: Negociación, mentiras y medios para la guerra

Paco Gómez Nadal, Otramérica (Foto: EFE)

El Gobierno de Juan Manuel Santos decidió, e impuso, que las negociaciones que mantiene con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en La Habana se desarrollaran en medio de la guerra. Los nefastos antecedentes de la teatral zona de distensión establecida durante el gobierno de Andrés Pastrana hacían imposible quizá otro escenario. El hecho es que la guerra nunca ha parado, no hay un cese de hostilidades. En estos dos años han muerto decenas de guerrilleros y soldados, se suman cientos de víctimas civiles (muertas, desplazadas, amenazadas, confinadas) y el negocio del conflicto ha seguido moviendo las ruedas de la violencia.

Tras dos años de negociaciones se ha avanzado ya hay pre acuerdos en la mayoría de los puntos de negociación: política de desarrollo agrario, participación política, solución al problema de las drogas ilícitas y mecanismos de refrendación de los acuerdos. Ahora se estaba tratando el punto 5, referido a víctimas, con participación de representantes de las víctimas de la guerra, y queda pendiente el de “finalización del conflicto”.

Sin embargo, la captura en zona de guerra del general Alzate por parte de guerrilleros de las FARC –algo que ya ha reconocido la organización guerrillera como parte de los hechos ‘cotidianos’ de guerra- ha desembocado en la decisión de Santos de suspender los diálogos. Antes de este hecho de guerra se han dado muchísimos más que han involucrado a civiles, militares y guerrilleros. Incluso, durante la fase secreta de las conversaciones, el Ejército acabó con la vida del máximo líder de las FARC, Alfonso Cano. Entonces… ¿Por qué se suspende ahora?

El final de la partida

Da la impresión de que, conforme se acerca el final de la partida, los sectores más recalcitrantes del establecimiento colombiano quieren tomar su silla en la mesa para ‘jugar’, como lo han hecho de forma tradicional: con cartas marcadas. Esta vez han sido las Fuerzas Armadas que, reforzadas en su poder gracias al Plan Colombia financiado desde el Washington de Bill Clinton hasta nuestros días, no están dispuestas a ceder un ápice de su poder que, además, quieren ampliar con una dosis de impunidad gracias a la ampliación del fuero militar.

Por otra parte, están los sectores de la derecha más obtusa que, liderada por el ex presidente Álvaro Uribe, tiene nexos con el sector más guerrerista del Ejército y, por supuesto, con la estructura paramilitar teóricamente extinta pero que, en la realidad, tienen fuerte presencia urbana en todo el país. Esta derecha no contempla la negociación política como un camino hacia la victoria, excepto, quizá, si les reservan un asiento en la partida sobre justicia transicional que suponga que Uribe y sus allegados nunca pasen por un tribunal a rendir cuentas de sus delitos de guerra y contra los derechos humanos.

La derecha más moderna y los sectores económicos más ‘evolucionados’ apoyan el proceso de paz no tanto por una convicción política sino por pragmatismo: necesitan que la amplia porción del país en manos de las guerrillas sean terreno libre para sus negocios. Hay que recordar que en lo que va de año el único rubro de Inversión Extranjera Directa (IED) que sigue creciendo en Colombia es la relacionada con hidrocarburos y minería, dos actividades extractivas intensivas que necesitan del territorio que ahora es teatro de guerra y que, básicamente, cuenta con presencia guerrillera. De hecho, los testimonios de las comunidades y los informes de derechos humanos apuntan a que las FARC ya participan del negocio minero, aunque sea en su masiva versión ilegal.

La sensación es que el acuerdo está tan cerca que los sectores más radicales no se van a aguantar la posibilidad de reventarlo.

Los medios toman partido

Los medios de comunicación masivos en Colombia no ayudan mucho a este proceso tan ansiado por las víctimas del conflicto como bombardeado desde el resto de los ángulos. Si por un lado se habla de postconflicto con cierta naturalidad en los grandes medios, dando por hecho un posible acuerdo, son altavoces de los pirómanos que tratan de quemar la mesa de La Habana.

Informaciones sin comprobar, contagio de la semántica de los extremistas, banalización de la información, terrible centralismo bogotano respecto a una guerra que hace décadas se juega en territorios de campesinos, indígenas y afrodescendientes, desprecio hacia la historia, historias para generar desprecio…

En Quibdó, la ciudad más cercana a Las Mercedes, la comunidad donde fue capturado el general Alzate, se apelotonan las cámaras y los presentadores de TV que especulan sobre la suerte del militar. Mientras, las comunidades del Medio Atrato vuelven a verse confinadas ante un gran despliegue militar que amenaza sus derechos básicos y puede provocar una confrontación armada. De hecho, en un comunicado hecho público en la noche del martes 18, las organizaciones étnicoterritoriales del Chocó y la Diócesis de Quibdó llamaban a la Fuerza Pública a cesar en su actitud e, incluso, a renunciar al proyecto de inversión que el Ejército desarrolla en la zona, usurpando las funciones de las entidades civiles del Estado.

Más negociaciones

Desde las organizaciones sociales y desde el sector político que apoya una salida negociada al conflicto se está tratando de enfriar el tenso ambiente generado en Colombia. Al menos, en una parte de Colombia, en la que juega la partida de la paz y la guerra y en la que sigue con expectación la cuenta de Twitter de Uribe.

En las calles de Cali, por ejemplo, al mismo tiempo que se conocían las declaraciones de los delegados de las FARC en La Habana, se podía ver a decenas de ciudadanos arremolinados frente a los televisores en bares y cafeterías, aunque no era el proceso de paz el que les atraía, sino el partido de fútbol entres las selecciones de Colombia y Eslovenia.

La Colombia urbana vive con cierto desdén el proceso, agotada de promesas y de acuerdos de paz firmados en los últimos 30 años. La Colombia rural, que vive el conflicto de primera mano, pide “más negociación” porque ya no aguanta la guerra. Las víctimas exigen que se reanude la negociación. Lo han hecho a través de un comunicado porque, de hecho, hay 48 de ellas en La Habana esperando su oportunidad de hablar y de incidir en un proceso tan necesario como complejo.

Artículo publicado por Otramérica el 18.11.2014: http://otramerica.com/temas/colombia-negociacion-mentiras-medios-la-guerra/3270