Colombia: El proceso de paz se le atraviesa al paro

Andrés Bermúdez Liévano, La Silla Vacía (Foto: Orsetta Bellani)

Esta madrugada vuelve a arrancar el paro agrario con las Dignidades campesinas, que insisten en que el Gobierno no les ha cumplido los acuerdos a los que llegaron el año pasado. Sin embargo, no llegan con la misma fuerza que hace un año porque, esta vez y por ahora, el Gobierno ha logrado poner de su lado a las organizaciones más sintonizadas con las negociaciones de paz en La Habana y con un eventual proceso con el ELN.

En las últimas semanas, la Marcha Patriótica, el movimiento de zonas de reserva campesina, el Congreso de los Pueblos y otros sectores reunidos en la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular -que tienen como fecha para entrar en paro el 5 de mayo- le han bajado el tono a la protesta y se inclinan a convertirla, como propuso Piedad Córdoba, en una movilización en favor de la paz.

Esto terminaría dándole un espaldarazo a La Habana y por lo tanto, desde La Habana también al presidente Juan Manuel Santos. Esto, claro, si el Ministro de Defensa no arruina estos acercamientos, que se empezaron a enfriar desde que Juan Carlos Pinzón advirtió la semana pasada que los paros estarían infiltrados por las Farc y el ELN, aunque La Silla supo que los puentes no se han roto. Y tanto en el Gobierno como en la Cumbre saben que el paro puede mantenerse bajo control si logra mantenerlos alineados.

“La Cumbre hoy es determinante en esta coyuntura y los movimientos en su interior son conscientes de esa condición. Ahora bien, Santos puede salir bien librado -una situación en donde ganemos todos- y también puede llevar al traste definitivamente su reelección. Es difícil el momento, pero si se lleva bien por las partes podrá salir fortalecida la posibilidad de la paz”, le dijo a La Silla una persona que está metida en el proceso de la Cumbre Agraria.

La Cumbre, entre el paro y la marcha

El principal compromiso al que llegó la Cumbre Agraria con el Gobierno es que se instale una mesa permanente de negociación que mire el pliego único de peticiones que redactaron hace dos meses en la Plaza de Artesanos de Bogotá y que reúne los reclamos de los grupos que se juntaron para formarla.

Ahí están organizaciones políticas como la Marcha Patriótica (que, como contó La Silla, venía debilitada) y el Congreso de los Pueblos, campesinas como la Coordinadora Nacional Agraria (CNA) y la Mesa de Interlocución y Acuerdos (MIA), étnicas como el Proceso de Comunidades Negras y la ONIC indígena, sindicatos agrarios como Fensuagro y las zonas de reserva campesinas reunidas en Anzorc. Varios de ellos estuvieron activos en el paro pasado, aunque cada uno por su lado.

Aunque inicialmente estaban jugados por el paro, desde la propuesta de Piedad Córdoba intensificaron las conversaciones con el Gobierno. Y sobre todo con el Ministro del Interior Aurelio Iragorri, con quien estuvieron reunidos el viernes hasta altas horas.

“Una cosa es iniciar un paro con diálogo y otra sin diálogo. Y hoy hay un nivel de comunicación más interesante: el Gobierno aprendió del año pasado y, en vez de minimizar a los actores, ha decidido entrar a dialogar con ellos. Eso hace que, a diferencia de hace un año, no estemos con los oídos cerrados”, dice un líder de Marcha Patriótica.

Su mayor exigencia es que se expida un decreto que cree esa mesa de negociación y que le dé fuerza vinculante, como manera de evitar que se quede en el aire y no avance como sienten ellos que sucede con la que ya existe con la MIA desde el último paro.

Luego también quieren compromisos en algunos puntos concretos del pliego único que redactaron, como la creación de un fondo de 2 billones de pesos para fortalecer la economía campesina y en el que participen las organizaciones campesinas; reglamentar las figuras territoriales que están en la ley 160 del 94 y la ley 70 como las zonas de reservas campesinas; y explorar figuras jurídicas que permitan liberar a los líderes campesinos de su línea encarcelados en el último paro, acusados de rebelión y financiación al terrorismo.

“Las causas objetivas para la justeza del paro siguen ahí: hay incumplimientos y no se ha modificado la política agraria. La diferencia es la interlocución. Eso hace que seguramente [ésta] sea una etapa de presión, pero no el paro del año pasado”, dice otro líder de la Cumbre, que prefirió no usar su nombre porque no es vocero de ninguno de los grupos.

Por eso, si Santos logra que las organizaciones que pertenecen a la Cumbre no se sumen plenamente al paro y en vez marchen simbólicamente en respaldo al proceso de paz, podría evitar que el paro agrario le estalle por segunda vez en la cara y a menos de un mes de la primera vuelta, cuando Óscar Iván Zuluaga, el candidato uribista, se comienza a perfilar como su probable rival en la segunda.

El problema para Santos es que si bien ‘cerraría’ ese flanco del paro, se le abriría otro ya que varias de las peticiones de la Cumbre coinciden con temas que han planteado las Farc en La Habana y que el Gobierno no ha querido negociar como el de la autonomía de las zonas de reserva campesina, que se ha vuelto uno de los caballitos de batalla de las Farc y que está planteando la Cumbre. Lo mismo con el desmonte del latifundio, uno de los temas que el Gobierno decidió aplazar en la Habana cuando acordó el primer punto y que está pendiente de retomar.

“Una política de reforma agraria integral que redistribuya y democratice la propiedad de la tierra, que desmonte el latifundio como expresión histórica de la desigualdad y genere acceso seguro a la tierra para quienes carezcan de ella, así como la garantía de la autonomía territorial para campesinos, indígenas y afro”, dice el primer punto del pliego de la Cumbre, sobre ‘tierras, territorios colectivos y ordenamiento territorial’.

Es decir, por evitar el costo político de un paro a pocas semanas de la elección, Santos podría terminar cediendo por fuera de la Mesa de La Habana lo que sus negociadores han considerado que no es negociable.

Las Dignidades, un año después

Por ahora, el paro comienza hoy con los ocho sectores conocidos como ‘Dignidades’, que incluyen a grupos de cafeteros, paperos, cebolleros, lecheros, arroceros, paneleros, cacaoteros y cañeros, a los que se sumarán los pequeños mineros.

“Las Dignidades seguimos en el paro: habrá unos que bloquearán vías y otros donde saldremos solamente a marchar, como aquí en Nariño”, le dijo a La Silla Jairo Chamorro, una de las cabezas del paro el año pasado en Nariño y uno de los líderes de los que firmó el acuerdo de los campesinos ‘de clima frío’ con el Gobierno en Tunja.

Algo similar sucederá, según varios líderes con los que conversó La Silla, en el Eje Cafetero, el Huila, Santander y Boyacá, pero sin la fuerza de hace un año. En su mayor parte se trata de sectores cercanos políticamente al Polo Democrático y, en algunos casos, de líderes que se quemaron en las últimas elecciones.

De los cafeteros saldrán los dos grupos más influyentes, aunque -como la vez pasada- cada uno por su lado: el de Dignidad cafetera que lidera Óscar Gutiérrez y que tiene fuerza en el Eje Cafetero y el Comité Cafetero del Huila que lidera el ex congresista liberal Orlando Beltrán. No parece que se les sumen en lugares como el Cauca, porque están en plena cosecha y en momentos en que el precio es bueno.

Entre los paperos hay una división aguda. Muchos sectores campesinos en Boyacá ya no reconocen el liderazgo del papero César Pachón, a quien muchos le resienten su ambición política (alcanzó a ‘lanzarse’ a la Presidencia). A su vez, la Dignidad papera de Pachón no reconoce a la recientemente surgida Unidad Nacional Agropecuaria y a su líder el coronel retirado Jorge Rondón, que sí están dialogando con el Gobierno y a quienes el grupo de Pachón han tachado de ser funcionales al mismo e incluso creados por él.

A eso se suma que, con la llegada del invierno, muchos sectores campesinos están haciendo las quemas y preparándose para sembrar. Y que los indígenas pastos, ingas y quillacingas -que tienen su propia mesa de diálogo con el Gobierno y que fueron factores claves en el paro en Cauca y Nariño hace un año- tampoco están pensando salir.

“Sí saldrá gente a la calle porque no les han solucionado los problemas, pero el éxito del paro de la vez pasada fue la solidaridad de la ciudadanía y el Presidente, que lo volvió gigante. Lo que le generó problemas a Santos fue la opinión pública, no los bloqueos de vías, y ahora la gente no quiere paro”, dice el representante a la Cámara boyacense Carlos Andrés Amaya, que siguió de cerca el paro el año pasado.

Por los lados de las Dignidades no están muy de acuerdo con el enfoque de la Cumbre Agraria. “Las peticiones de las Dignidades nada tienen que ver con el de la Cumbre. Nosotros estamos concentrados en temas como los problemas de las importaciones y de los tratados de libre comercio, mientras ellos lo están en una reforma agraria integral”, dice Óscar Gutiérrez, el líder de Dignidad cafetera en Caldas que se quemó intentando llegar a la Cámara con el Polo.

En efecto mientras los reclamos de las Dignidades giran sobre los mismos ejes que hace un año -como insumos, créditos, contrabando- el de la Cumbre lo hace en torno a varios ejes que van más allá de lo agrario, como los cultivos ilícitos o la necesidad de iniciar diálogos con el ELN.

“No tenemos nada que ver con la paz y no está en nuestra agenda. No es que estamos en contra de ella -de hecho estamos de acuerdo- sino que para nosotros no es un factor de movilización”, dice Gutiérrez.

En todo caso, al no estar articuladas las Dignidades, mientras Santos logre mantener de su lado a la Marcha Patriótica y sus aliados en la Cumbre, es posible que el ‘tal paro’ no se convierta en un revés electoral para el Presidente.

Artículo publicado por La Silla Vacía el 20.04.2014: http://lasillavacia.com/historia/el-proceso-de-paz-se-le-atraviesa-al-paro-por-ahora-47218